sábado 4 de julio de 2009

33º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



33º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXXXIII 04-06-2.009

EDITORIAL XXXIII
Ismail Kadaré, Premio Príncipe de Asturias


Sabemos que todo premio es subjetivo, que responde a criterios no siempre compartidos por todos, que deja fuera a mucha gente, y que lo importante, cuando de literatura se trata, es que el reconocimiento venga de los lectores, que un escritor se vea recompensado por la calidad de su trabajo, que sus escritos aporten emoción, calidad, reflexión, que haya una evolución del autor como persona, pero también de su obra como aportación a la colectividad. También sabemos que el buen hacer de un autor no depende tanto de que se le reconozca o no mediante premios por pomposos y llamativos que éstos sean, no va a ser mejor ni peor ningún escritor porque almacene en su estudio un montón de estatuillas con las que alimentar su egolatría.

Pero también, en ocasiones, hemos de agradecer ciertos reconocimientos cuando la calidad literaria así lo requiera. Nosotros, que lejos estamos de entusiasmarnos con este ejercicio vanidoso de los salones literarios, menos aún cuando la aparente gloria proviene de una institución monárquica que no nos despierta gran apego, todo hay que decirlo, queremos alegrarnos con Ismail Kadaré por el Premio Príncipe de Asturias que se le concede en el apartado de las letras y que nos parece justo y muy oportuno. Justo, porque se trata de uno de los mejores escritores europeos vivos. Oportuno, porque se le da cuando su obra es numerosa y creemos que se trata además de una literatura, la albanesa, que ha de ser conocida por su fuerza y su tradición tanto oral como escrita.

Ismail Kadaré es un narrador cuyas novelas poseen una fuerza inaudita. Sus historias entremezclan el realismo más duro con la fantasía más extraordinaria, quizá por aquello de que la realidad supera siempre la ficción y la vida no deja de sorprendernos día tras día. Por ello quien intente atrapar lo real mediante la escritura no puede evitar de recoger entre líneas lo absurdo, lo fantástico, lo sorprendente que hay en cada gesto, en cada acto, en cada movimiento. Un país como Albania posee los rasgos de una historia que, por ser de por sí bastante dramática, comparte la necesidad de una ironía que ha de hilar fino, algo que se entreve en la obra de este autor.

El lector sensible podrá apreciar punzadas de ternura y sarcasmo entre líneas repletas de angustia y pesadumbre. Quien lea sus libros podrá descubrir una obra con personalidad propia, unas novelas cuidadas, con referencias literarias, culta, una narrativa detallista. En español tenemos además la ventaja de las buenas traducciones de Ramón Sánchez Lizarralde, que se ha esforzado por transmitir el estilo no siempre fácil de una lengua tan distinta como la albanesa, con una tradición oral que refuerza todavía más la personalidad del idioma. La obra de Kadaré se halla bien distribuida, por lo que el lector en español no lo tiene difícil para acceder a él, algo que desde aquí aconsejamos sin ninguna duda.



FRONTÓN

Mira los pelotaris como golpean
Su pelota con las palmas de sus manos.
La pelota vuelve testaruda e ingenua.
No uses como instrumento a la venganza.
No, niña caprichosa y celosa.
Mira como vuelve la pelota al golpearla.
Todo lo que se golpea contra una pared o muro
Vuelve con su propia inercia gravitatoria.
Es como darle puñetazos a un muro de hormigón.
Tu mano se resiente y también tu rabia.
Mira como vuelve la pelota a su altura.
Él la golpea fuertemente con picardía
Hacia la pared de la izquierda, y su adversario,
Poco puede hacer con esa pelota zurda.
Así es el juego y así de cruel la vida.
La vida no es un juego, ya que, va muy en serio.
Hay que jugar las pelotas diestras y las zurdas.
Las diestras son fáciles de jugar, pero las zurdas
Son arduas y hostiles y llevan maldad.
Los nudillos de tanto golpe aprenden su realidad.
La pelota se va por mal camino pero, ya volverá
Para trazar su camino con la diestra hacia una zurda.
(Batalla incomoda e insatisfecha).

Por Cecilio Olivero Muñoz



El tío de América


Fue en la Navidad del 96 cuando me hablaron por primera y única vez de mi “tío de América”. Ya entonces el hermano de mi madre, Samuel, me advirtió que no me hiciera muchas ilusiones porque el susodicho no era ni de lejos lo que normalmente se entiende cómo un tío de América, primero porque no era mi tío en realidad, me dijo, sino primo de mi madre y sus seis hermanos, detalle sin importancia, sin duda, porque al fin y al cabo era de la familia, aunque si Samuel me lo contaba era sin duda para reforzar la carga simbólica que ello pudiese tener, el deseo de tomar distancias, y en segundo lugar porque no iba a recibir ni un duro de él, seguramente por carecer de dinero, en el mejor de los casos, o tal vez porque ya hubiera acabado en la cárcel y su patrimonio expoliado o porque alguna de sus mujeres, conquistas pasajeras la mayoría y una sola esposa, que se le conociese al menos, una formidable rubia a la manera de las que aparecían en las películas de los setenta, y aquí Samuel remarcaba con ello que el pariente en cuestión carecía a todas luces de credibilidad puesto que era incapaz de mantener la más mínima fidelidad a nadie, le hubiera desplumado lo que a su vez él mismo antes había desplumado a medio mundo.
Mi tío Samuel estaba dispuesto a terminar allí su breve explicación sobre ese pariente desconocido para mí, pero era evidente que yo no me podía quedar con esa sucinta nota que apuntaba algo sin duda mucho más interesante. Le miré con una más que evidente expresión de curiosidad que denotaba bien a las claras que no podía dejar allí lo que ya había iniciado. Está bien, me dijo, te contaré un poco más.
Al parecer el referido personaje, de nombre Carmelo María, había descubierto a punto de terminar la juventud una clarísima vocación religiosa, se convirtió fervientemente al catolicismo y se ordenó sacerdote en Roma a la par que terminaba unos brillantes estudios de Historia y Filosofía. Toda la familia esperaba de él algo grande. Era el primer pariente que conseguía descollar en los estudios, los demás tuvieron que ponerse a trabajar a edades tempranas y salieron adelante con mucho esfuerzo y no pocas dificultades. Para él, sin embargo, todo parecía fácil aunque compartiese con el resto de la familia todos los problemas habidos y por haber.
Con su sotana negra, sencilla, sin aspavientos, y una forma de actuar que denotaba una profunda llaneza, hablaba de ayudar al prójimo, de dar la vida por los demás, y no en pocas ocasiones se pensó que, casi retirado del transitorio mundo material, pudiera alcanzar, tal era aparentemente su destino, la santidad. Comenzó a pedir para misiones lejanas y, aunque buena parte de la familia no compartía plenamente su fe y las pasaba canutas, se le comenzó a dar pequeñas aportaciones que contribuyesen a ese camino hacia la perfección espiritual.
Mi tío Samuel guardó aquí un profundo silencio. Qué pasó entonces, pregunté, no sin una enorme curiosidad. Huyó con la despampanante tejana, afirmó rotundo y, como si quisiera evitar hablar del pariente en cuestión, me la describió al detalle, era la susodicha una tremenda rubia televisiva, y fue tal el fervor con que me la describió que me creó la duda de si lo que le producía aún, años después, un profundo odio era el acto de su fuga con el dinero que a todos tanto les costaba ganar y que tan inmoral resultaba por el carácter sacro de su figura, sus gestos, su oficio y su discurso, o si le movía la más pura y vergonzante envidia por la hermosura de la mujer que le empujó a romper unos votos que, por otro lado, mi tío Samuel tampoco entendía del todo. Añadió que vivía en Texas y que supieron que se había echado varias amantes, todas ellas seguramente atraídas por el dinero que el ex sacerdote gastaba a manos llenas.
De él no volvieron a saber nada más, salvo cuando recibieron de su puño y letra una carta en la que lamentaba la estafa cometida y les comentaba que estaba pasando algunas dificultades cuyos detalles no narraba. Sin duda nos estaba intentando dar pena, comentó, quién sabe si para volvernos a sablear, algo que no ocurrió porque simple y llanamente la familia se abstuvo de contestar. De ser honesto, ya reiteraría su arrepentimiento, pensaron, algo que él no hizo. Pero además recibieron cartas de juzgados, citaciones a interrogatorios nunca aclarados que demostraban que la vida del religioso no había sido todo lo recta que hubieran podido considerar y que todavía le perseguían hechos inconfesables que la familia tampoco se molestó en conocer.
Olvidé durante mucho tiempo a ese lejano pariente. Me vino a la cabeza de pronto cuando acepté años después el trabajo de profesor en Nueva York por un curso académico. Aunque Texas estaba lejos de mi destino, consideré la posibilidad de indagar algo por mi cuenta, me parecía además novelesco la existencia de ese pariente fugado con el dinero de mi familia y que pasó del camino de perfección al camino de depravación con suma facilidad. Pero el trabajo, las lecturas, los proyectos en los que me metí y algún viaje por el país dejaron esa idea en un segundo plano. Al fin y al cabo no debía de ser nada fácil encontrar a una persona que además posiblemente hubiera cambiado de nombre y dirección de ser cierto lo que contaba Samuel.
Las cosas, sin embargo, siguieron su curso y una tarde llegó a mi despacho un hombre mayor, vestido de negro, con gafas gruesas que por educación se sacó y una mirada directa pero que de vez en cuando desviaba, como si temiera que se transmitiese algo no deseado. Soy Carmelo María Pallot, me dijo nada más hube respondido a su pregunta de si pertenecía a la familia Pallot. No sé por qué, pero aun cuando no esperaba esa repentina aparición tampoco me extrañó. Pensé que su figura no me parecía la de un usurpador de fondos ajenos, alguien capaz de estafar a su propia familia carente ésta, además, de recursos. Por su parte, se mantuvo en silencio, como si esperara que yo me pusiera, después de averiguar nuestros vínculos familiares, a preguntarle el porqué de tantas cosas o a recriminarle todo lo que sin duda debía yo de conocer de su pasado. Pero no me sentí legitimado para tamaña labor.
Tras ese silencio que por un instante devino no poco tenso, me dijo que había leído una entrevista que un periódico me había hecho unos meses antes. Tuvo curiosidad por conocer a ese profesor de literatura que llevaba su propio apellido y de allí su visita. Charlamos de libros y me pregunté si en algún momento había considerado que yo fuera familiar suyo y que por eso me visitaba. Quizá le movía un deseo de enmendar el pasado. Era su conversación ocurrente y culta, la de alguien leído pero sin engreimiento. Al cabo de un rato se marchó. No hizo mención a su familia, la mía, a lo que ocurrió. Por un momento lamenté no haberle preguntado por el pasado. Pero me dije que tal vez era mejor no hurgar en la herida.


Juan A. Herrero Díez

MI SILENCIO

Mi silencio
es tu ausencia.
Mi silencio es lo libre.
Mi silencio es un murmullo bajito que todavía no se ha oído.
Mi silencio es pensar en ti.
Mi silencio es llorar por mi alma.
Mi silencio es un yunque que cae desde mi corazón al fondo de mí.
Mi silencio es mi calma.
Mi silencio es una aurora marchita.
Mi silencio es un suspiro.
Mi silencio es la flor que allí se huele.
Mi silencio es una rosa que brota.
Mi silencio es la mustia palabra que se deshace.
Mi silencio son ocho horas sin ti.
Mi silencio es el deseo de no oír ese grito que me quema.
Mi silencio es el viento suave de tu voz.
Mi silencio es pensar en nada y en ti en un todo.
Mi silencio es llorar de semilla hacía adentro.
Mi silencio es un tropezón en la tempestad.
Mi silencio es la pulpa de mi verdad.
Mi silencio es la noche quieta.
Mi silencio es la duda que hierve.
Mi silencio es la locura que hiere.
Mi silencio se escapa de mi voz en la yunta del ocaso.
Mi silencio es un ardor soñando al alba de mi dormitorio.
Mi silencio es la sentencia de mis dedos al señalarte.
Mi silencio es la canción que habla de ti.
Mi silencio es la misteriosa raíz que nace de ti.
Mi silencio es la razón de mi mañana gris.
Mi silencio es tu aroma en el rocío.
Mi silencio es la esfinge que sale de mi mirada.
Mi silencio es el llanto que no sabe serlo.
Mi silencio es mi perfume recién duchado.
Mi silencio es un latido de poeta que se muere en tus noches.
Mi silencio es una pequeña llaga en el olvido.
Mi silencio es un bocado al doloroso sufrimiento.
Mi silencio vale más que cien gritos de ira.
Mi silencio es un bofetón de rabias que desaparecen en la noche tibia.
Mi silencio cae de una espiga de trigo y cae a la tierra y nace para el trigo.
Mi silencio es una respiración apresurada y desesperada.
Mi silencio es el crujir de los maderos en el fuego.
Mi silencio es un pestañear de alegrías que voz no tienen.
Mi silencio es la jarra fría que cae en el calor febril.
Mi silencio es un pastel en la puerta de un colegio.
Mi silencio es la tentación de Judas y el deseo de Cristo.
Mi silencio es un barco sin timón ni vela abierta al viento.
Mi silencio es salvaje como un caballo desbocado.
Mi silencio es un garrote de azules presentimientos.
Mi silencio es latir y silbar para adentro.
Mi silencio es una fecha en el calendario.
Mi silencio es la armonía de las jaulas de oro.
Mi silencio son las madres que llevan a sus hijos a la escuela.
Mi silencio es el tobogán de la tristeza.
Mi silencio es una reunión de vecinos.
Mi silencio es el aroma de los jazmines en un patio.
Mi silencio tiene un grito desgarrado.
Mi silencio es un goteo de infelices esperanzas.
Mi silencio es una calada a un cigarrillo y pensar en ti.
Mi silencio está colgado de un vaso de vino.
Mi silencio muere en millones de discotecas que me recuerdan.
Mi silencio va de aquí para allá cogido de mi mano.
Mi silencio va a compás de mi corazón.
Mi silencio es el trasiego de una manifestación.
Mi silencio es una baraja que se abre con ases de espadas cerrando.
Mi silencio es una volteleta en el césped de la memoria.
Mi silencio es un torero entrando a matar.
Mi silencio es la agonía de la vida esperando la muerte.
Mi silencio es un desprecio prendido de mi espalda.
Mi silencio es un muelle que me hace saltar y escaparme.
Mi silencio es la encrucijada de valores que perdí con los años.
Mi silencio es la recogida de la cosecha en verano.
Mi silencio es la navidad sin dinero.
Mi silencio es todos los porqués del mundo.
Mi silencio es un arriero que me encontré en el camino.
Mi silencio es una estrepitosa venganza que me doy a mi mismo.
Mi silencio es un tiritar de cascabeles gitanos.
Mi silencio es un veloz ciclista que se va de todo.
Mi silencio es la voz de mi yo.
Mi silencio es un látigo que serpentea mi voz.
Mi silencio es un murmurar de cabezadas sin conciencia.
Mi silencio es atizar al fuego.
Mi silencio es una fiesta de despedida.
Mi silencio es una nana que canto en silencio.
Mi silencio es la cantinela que canté hace años.
Mi silencio no está ni aquí ni allí, está donde el desnudo es eso: silencio.

Por Cecilio Olivero Muñoz



LA MÚSICA DE MIS CD’S

La música de mis CD’s
Me lleva donde tu no quieres
Y a donde yo no sé.
La música de mis CD’s
Tiene de todos los colores
E inventa un anochecer.
La música de mis CD’s
Puede ser flamenco, jazz
Puede ser un vals vienés.
La música de mis CD’s
Lleva roca, lleva lluvia,
Lleva algo de mi ser.
La música de mis CD’s
Es una aurora que escapa
Hacía nunca volver.
La música de mis CD’s
Tiene un vinillo amigo suyo
A quien pude querer.
La música de mis CD’s
Es estatua, es paloma,
Es ceniza y oropel.
La música de mis CD’s
Es mucha y no poca,
Es un poema en un papel.
La música de mis CD’s
Es un canto gregoriano
O una tal Billie Holliday.
La música de mis CD’s
Va desde Camarón
A la Paquera de Jerez.
La música de mis CD’s
No tiene nombre
Ni lo quiero saber.
La música de mis CD’s
La compro en las ferias
O en un mercadillo de Cadaqués.
La música de mis CD’s
Nace de mi deseo
Y la bajo de Internet.
La música de mis CD’s
Lleva fuerza, lleva garra,
Y me da mucho placer.

Por Cecilio Olivero Muñoz



LETARGO

A un abuelo aburrido, en el consultorio de kinesiología.

Sobre la palma abierta
del desgano
el anciano se abandona
a los ojos maduros de la espera.

Son los pasos distantes
y una silueta ausente de sí misma
le estafa los latidos.

Lo absorbe un intervalo
de universo y costumbre,
y etéreo y descarnado,
se va por algún trueno de la mente.

Un temblor insurrecto
magulla las líneas taciturnas de su máscara.

Otro infierno sin llamas
calcina todavía
su andar pecaminoso,
y olorosas de sol,
las raíces del nido
tejen un maraña de bordes y espejuelos,
donde empiezan a orar
los ángeles más viejos.

Sólo las cenizas del hombre
se acumulan por turno entre las manos.

Será un leve girar
y el polvo volará certero para hallarle los ojos.

La lengua de la tierra aguarda el alimento
y una estrella sin norte,
cava un pesebre de luz
desde la ciénaga.

Teresa Palazzo Conti
http://www.lapoesiadeteresa.com/

Música de regreso.

Anduvimos el viento
oliéndonos el rastro sin saberlo.

Se frustraban las teclas
de mi entrega,
y en el piano dormido,
jirones del pasado
retrasaban
las negras y las fusas.

Quién donaría un instante
para empezar
de nuevo.

Mariposas esclavas
de las páginas,
las notas turbulentas,
eran sólo cabriolas
sobre las partituras.

Pero fui hasta el tiempo de la infancia
y floreció el reencuentro
en medio del otoño.

Violenté los barrotes
del solfeo y de las claves;
rodé por las esquinas
del pentagrama serio,
y abrí por sus costados una grieta.


Sentía que un ritmo antiguo,
violaba la clausura
de la canción oculta
y temblaba en mi orilla
más lejana.

Se elevó un estallido
entre la desmemoria
y volvió la armonía
a confluir en mis manos.

Sobre el filo del último sonido
rescaté
melodías
para armar un collar
de cuerdas nuevas.

Atesoré el privilegio del arpegio
y renací en su abrazo.

El río de mi sangre recuperó su cauce.

Más alto
que el camino que no llegó a extraviarnos,
germinamos.

Hice todas las tardes
con esa tarde
última.

Con mano de alfarero
la música perdida
modeló los bemoles
que cerrarían el círculo inicial.

La nota definida soltaría sus compases
y un misterio
destronaría las puertas
del olvido.

Inextinguible,
la unión recuperada
vibró hasta la extrema figura
de mis tiempos,
y ahora
que me he ido,
este silencio máximo
de la noche infinita,
se rompe en los acordes
que caen definitivos
sobre mi oído muerto.

Teresa Palazzo Conti
República Argentina

HOMENAJE A JUAN MANUEL ROCA


Me embriagó con el vino que llueve el cielo

Aguardó a que la metáfora brote de la silla vacía

La fatiga encanecida de la persistencia se premia

Cuando el fruto de los desvelos recibe el aplauso tardío

El tejedor de versos, el hacedor de musicales metáforas

Brinda empuñando una montera de sueños y vientos

Un recital antológico de aventuras, desventuras y celebra

El haber sobrevivido a la mano negra de la fatídica parca

Cuando mira hacia el pasado, el ayer se ve demasiado lejos

Es mejor no pensar en los desaparecidos o en los que murieron

Éramos jóvenes idealistas como las banderas que ondeamos

La maquinaria pasó barriendo y barrió los sueños de casi todos

A veces pienso que perdimos la memoria o el espíritu de gladiadores

La mayoría terminó rebuscando oportunidades en el basuriego

Pasando hojas de vida como si la vida fuese un mar de oportunidades

Unos pocos optamos por militar en la palabra como necios

Rebeldes sin causa, sin guitarras eléctricas, perdedores profesionales

Damnificados del absurdo como expertas víctimas quebrantadas

A una amiga que lo hizo como nosotros en el sur del continente

Las bestias se ensañaron con su piel y su vagina para desarmarla

Si lo que deseaban era herirla: ¡le hirieron el corazón mortalmente!

Regreso el infierno como lo hicieron cientos de sobrevivientes

Enfrentamos con ingenuidad la guerra, retando con versos las balas

¡Los que desaparecieron jamás regresaron! ¡Son espíritus de luz!

La lluvia primaveral de los versos ¡Resucita el alma del poeta!

Cada verso es un nombre ¡Presente! Contesta el eco ¡Presente!

Todos están aquí, alrededor de nosotros: ¡Presente!... ¡Presente!...

¡Presente! ¡Presente! Mientras…¡las lágrimas ahogaron los sueños!



Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel

hcediel1@hotmail.com hectorcediel@gmail.com
2009-06-26


CAMBIO CLIMÁTICO

Hace siglos que se dice eso de:
“¡Qué loco que está el tiempo!”
Pero no está loco, le falta un hervor.
Ya no diremos eso de:
Año de nieves, año de bienes.
Diremos: Sudor en las sienes,
Sudor para siempre.
Y siguiendo con el refranero:
Ya no diremos: En abril aguas mil.
Diremos: En abril calor febril.
Ya no diremos: Hasta el cuarenta de mayo
no te quites el sayo.
Diremos: Desde el uno de marzo ¿Soponcio o milagro?
O también: Desde marzo sólo sombra y trago.
O también: Desde el uno de marzo
Tengo puesto el aire acondicionado.
También se puede crear un nuevo refranero.
Calor en enero, asfixia en febrero.
O también: inviernos en primaveras
Y los eneros con playeras.
O esta también: Sudor en invierno
En agosto al galeno.
Todo está cambiando.
A lo peor habrá lonjas de pescado en Teruel.
A lo peor ya no existirá ni Cuba, ni Filipinas,
El canal de Panamá será acero bajo el mar.
O Barcelona será la Venecia española.
A lo peor tendremos que vivir en vez de en pisos
En yates o en veleros o a lo peor en pateras.
Ya comprendo la analogía con los pisos patera.
¿Habrá veranillo de San Miguel?
¡INVIERTA EN FUTURO!
¡CÓMPRESE UN FUERABORDA!
No busque más, pruebe un barco piloto.
Encima de hipotecados de por vida
En casa encerrados. Esto es vida.
¿Alguien da más?


Por Cecilio Olivero Muñoz



CANCIÓN DE LAS TERESAS

Tener, tenía una Teresa
Era una princesa,
Se comía con fiereza
Las llamas de mi mirada.
¡Ay! Teresa, Teresa
te llamas,
Limpia bagatela.
Puerta que yo añoraba.
Limpia eres Teresa,
Limpia de toda raza,
Siembra con razón Teresa
Las cosas que no olvidabas.
Teresa, te llamas Teresa
Qué hechura, qué mañana,
¿Serás buena Teresa?
Rezas al pie de tu cama.
Había una tal Teresa
Que temprano se levantaba,
Mira el reloj, mira al agua
Su carita inmaculada.
Teresa, Teresa te cantaban
Los gitanos con guitarras,
Teresa de mi alma
En la fría madrugada.
Teresa, a por fía, Teresa
Una de las mujeres
Con más rosa embrujada
Que hubo allá en Granada.
Teresa eras Teresa
¿Ahora que eres?
¿Eres guirnalda?
O ¿Quizá cigarra?
Teresa eres la mañana
Que quiso esa mirada.
Teresa la Teresa
Eres bella, mucho Teresa
No he visto piel más tersa
Que la de la niña Teresa.
Teresa zapatea Teresa
Baila con sed y cachaza
Por ella se desmaya
La punta de la guadaña.
Teresa naces pa” mí Teresa
Eres alta, mujer muy alta,
Tan alta como la estrella
Que con la mano se alcanza.


Por Cecilio Olivero Muñoz


CIÉNAGA


Salgo a buscar
por los retratos
el tiempo acorralado
sin mirada.

A intervalos
suceden los puntos germinales
que alguna vez
delinearon el rostro.

Los rasgos
gritan un nombre
en la pasividad de la fotografía.

El mito de la permanencia
aúlla
en alcobas derrumbadas
y
yo desembarco
en una ciénaga de muertos
que insisten en fingir la sonrisa

Por Teresa Palazzo Conti


MARSH


I set out to find
in portraits
the sightless
cornered time.

At intervals
follow germinal dots
that once
delineated the face.

Features
cry out a name
in the peacefulness of the picture.

The myth of permanence
howls
in collapsed bedrooms
and
I land
in a marsh of corpses
that insist on feigning the smile.


De “Memoria del Abismo”
From Memory of the Abyss

by Teresa Palazzo Conti
Translation Translation into English by Salomé Audisio.


El olvido que no olvida.
Con la imagen permanente de mi madre.

Hurgando en las migajas
de la que fuera íntegra,
y con la calma final de los que parten,
regresa mi madre en claroscuro.

Se acomoda sin prisa entre mis dudas
y yace en el resabio
de noches agostadas.

Yo me obstino en la busca
de algún efecto nuevo;
algo que sea capaz de alterar mi itinerario.

Su recuerdo se tiende cauteloso;
impasible me mira de costado
y ostenta banderías que yo ignoro.


Hay siluetas enfermas
detrás de campanarios,
y otros rumores estirando su aliento
por laberintos paralelos.

No hay señal de respuesta.

No retumban los ecos que recen como frailes
algún cántico revelador.

Sólo mi voz,
prendida de alfileres,
rueda por la desesperanza
para alcanzar su oído.

En el refugio de las apariciones,
las telarañas plagan las avenidas
de sus manos,
y las mías,
encumbran un incienso
en el ahogo lejano de su pecho.


Quién me miente sus ojos
para que yo la espere.

Hay demasiado silencio en el sepulcro,
y la huella de mi afecto,
se congela
por escondrijos ciegos.

De todos los amores de la tierra,
fue el suyo
el más sabio talismán
en la dádiva limpia de su siembra.

De todas las entregas,
la más corta distancia
por los espacios innombrables
que dejan mis pisadas.

Yo no había sido invitada a su banquete;
sólo llegué,
con párpados cerrados,
y en temblor fastidiada
un martes trece.

Fui impulsada a mantenerme
entre los espasmos
del alumbramiento.

Recostada de espaldas,
me sostuvo.

Y hoy,
de pie frente a mis despojos,
vela el suicidio de la luz
que se instala en mi verdad.

Mi temor a la oscuridad
se desorienta
en los recodos de algún cuento de luciérnagas
que cimienta los ladrillos de la casa;
y las entrañas se me vuelven muro;
pero en una madeja de tanteos miopes,
apenas hay puntos en desorden
y retratos inútiles.


Del tiempo solitario,
resisto todavía su fuga inesperada.

Un aletear de vidrios
cabalga
en el confín que mató mi horizonte con su viaje,
y en la mesa de andrajos
se malogran las charlas y las frutas.

Más allá de veneno de las despedidas,
nunca es justo el vaivén de la memoria,
y es un toro entre rejas el olvido.

Como araña de espanto
desenvuelve su tela en mis ciudades.

Se desangra en su furia
y cuando embiste,
arrasa con los gestos y las voces
que dormían su letargo de piel y de ceniza.


Gime un credo en mis huesos,
y una luz extranjera
me ofrece un cáliz oportuno
que abarca sorpresivo la altura de mis ruegos.

Por Teresa Palazzo Conti



CANCIÓN DE LA HOJARASCA

Esparce el viento
Esparce la hojarasca
Hojarasca es pensamiento
Hojarasca que desgarra.
Hojarasca es burdo intento
Canción intencionada,
Hojarasca es el preludio
Del crujir de una mirada.
Rota, está rota mi guitarra
Está rota por la llaga
Que mi corazón guarda,
¡Ay! De mi guitarra desgarrada.
Esparce el viento
Esparce la hojarasca
Esparce con un luego
Luego vendrá una guadaña
Nos cortará el “te quiero”
Nos partirá la mirada.
Rota, rota está nuestra mirada
Rota por las retahílas,
Que nuestro corazón velaba
¡Ay! De nuestra purísima mirada
¿Dónde estará? ¿Adónde la guardan?
Estará donde la señalan
La señalan cuando canta,
La señalan y la señalan
La dejan seca y helada
La señalan y la paran.
La fijan y la parten
Con una rotura de espada.
¡Ay! Nuestra pura mirada.
Se quedó sin luz y sin retahíla.


Por Cecilio Olivero Muñoz













LA CANCIÓN DEL PEÑASCO

A Nuria Regalado.

Nuestros destinos
estaban marcados,
¡Cómo es el sino…!
Errar, vivir equivocado.

Yo no quería,
Desfloré y he pagado,
Por herir hería.
Cerraste de un portazo.

Eras de Dios su regalo
Hiló fino, hiló despacio
Te tuve en mi regazo,
Fuente nueva de mi patio.

Mi voz está sin llanto,
Mi corazón muere mirando
Remordimiento extraño
Rosa espinosa, dolor pagado.

Castigo para el pecado,
Castigo por haberte hecho daño,
Burla del niñato mal sano;
No quisiera ser nada de antaño.

Desprecié tu amor de regalo,
Donde pudo inocencia y milagro
Y el milagro fue truco de mago,
Y el truco es un juego de manos.

Alma rota de cántaro,
Salpicó el agua ensuciando
Pantalón y camisa en blanco,
Fuente con reguero marchitado.

Arrepentido a veces he suspirado
Por ese amor alejado,
Ese amor que murió de canto
Y cayó de la fuente al charco.

Y en el charco
Se hizo barro
Y en el barro
atesoró el guijarro.

Canción triste del peñasco,
Fuente de piedra,
Amor infantil de prestado,
Justa sentencia (Estribillo)
Para el burlón burlado.
Ahora la presencia
Es portón cerrado.


Por Cecilio Olivero Muñoz

sábado 6 de junio de 2009

32º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



32º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXXXII 06-06-2.009
Número dedicado a Mario Benedetti.

EDITORIAL XXXII
Muerte de un poeta

El 17 de Mayo moría en Montevideo el escritor Mario Benedetti. Novelista -impresionante su obra “La Tregua”-, autor de innumerables relatos cortos, se le recordará muy especialmente como poeta, un poeta sensible, directo, diáfano. Suele decirse en estas ocasiones, de un modo algo tópico y quizá cursi, que el mejor homenaje que se puede ofrecer a un escritor que muere es leerlo, pero resulta en este caso absolutamente cierto, claro que en el caso de Benedetti, además de regresar a sus páginas de excelente calidad literaria, hay que recordar su humanidad, su compromiso con las personas, con la gente, su sencillez. Quizá caigamos en otro tópico y en una nada buscada cursilería, pero creemos que no podíamos omitir que le recordaremos también como alguien próximo, alguien que te hablaba de literatura pero también de la vida, o que utilizaba la literatura para hablar de la vida, que al fin y al cabo es la materia de la que se nutre aquella.

Mario Benedetti fue también para muchos de nosotros un introductor a la literatura, uno de esos autores que lees cuando te asomas a la ventana de las letras y que te permite apreciar que la lectura, antesala de la escritura, tiene un sentido tan real como cualquier otra necesidad vital, que no es sólo un entretenimiento, algo que llevas a cabo al margen de la vida, un mero complemento a las cosas serias, sino que la literatura es vida, y lo es de un modo rabioso, imprescindible, absoluto, que al final resulta tan necesaria como el aire porque literatura y vida no son cosas que debamos ni podamos separar.

Participó además, aun cuando sea de forma involuntaria, en la formación de una generación de autores que permitió que la literatura latinoamericana pasara a formar parte del escenario literario mundial. Creemos que una obra literaria no depende de su fama o su éxito de ventas para que pueda considerarse una obra de calidad -como decía Antonio Machado, el necio confunde valor y precio-, pero también es verdad que la literatura necesita de lectores, que el acto privado e íntimo de leer y escribir se vuelve colectivo o social a través de la lectura, que nos permite además conocer al otro, tanto en lo individual como en lo colectivo. La obra de Benedetti permitió que su país, Uruguay, junto a América Latina y gracias también a otros escritores, dejara de ser para millones de personas en el mundo un mero paisaje exótico y se volviera parte imprescindible de la cultura mundial, una expresión más de una única civilización, la humana.

Por ello recordamos aquí a Mario Benedetti e invitamos a los lectores que aún no lo conozcan que lo lean y a quienes lo han leído, que lo relean.


Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

(Chau número tres)


PAÍS DE LOCOS

Esta tierra, este país,
La indómita tierra
De satélites temporales.
El loco ir y venir
Por la cicuta estrellada.
Navajas se oyen abrir
En mi tiritar de grillos.
Es normal mi paso
Habiendo nacido
En un país en guerra.
De folclóricas lloronas
y toreros incultos
Que pronuncian dos
palabras en una, tales
Como: impresionante.
País que suena igual
Cuando dice: Alta
que cuando dice: Harta.
¿Quién ha exprimido
el limón de mi lágrima
de azúcar y burbuja?
Ya no importa, pues
Lo que ayer era rencor,
Hoy es reconciliación.


Por Cecilio Olivero Muñoz


PATXI ZURRAGA


GENTE: ¿Dónde vas Patxi?
PATXI: Voy a vomitar
Encima del dandy.
GENTE: ¿Para qué Patxi?
PATXI: Por insensato
Y por que bebe brandy.
TABERNERO: Déjate de vómitos
Patxi Zurraga,
Vete a la calle,
Pero antes, paga.
PATXI: No me da la gana…
¿Te has pensado
lo que hablas?
TABERNERO: No me hace falta.
PATXI: Creo que voy a cumplir
Mi amenaza.
GENTE: ¿Tú quieres matar?
Pues mata.
PATXI: Si, por que tengo arma.
TABERNERO: A lo mejor muero…
A lo mejor me mata…
PATXI: ¿Por qué hablas?
TABERNERO: Por que yo creo
Que es libre el alma.

Por Cecilio Olivero Muñoz



EL AHOGO


Miras de pronto a los demás en medio del paseo no sin cierta envidia, como si ellos poseyeran algo que no tú no tienes, que perdiste quién sabe cuando si es que en algún momento llegaste a poseerlo. Te paras un instante y te quedas mirando al vacío no sabes muy bien por cuánto tiempo. Algo te duele, pero no sabes qué. Tampoco es un dolor definido, algo dentro de ti parece que sangra y has de hacer un esfuerzo enorme para de nuevo echar a andar.
No te diriges, sin embargo, a ningún sitio en especial, tampoco tienes donde ir, desde que perdiste el trabajo nadie te espera ni tienes nada que hacer, simplemente sales de casa porque se te caen encima esas cuatro paredes y te molesta ese silencio atroz, te empuja a la calle porque no lo aguantas, y luego está ese horrible pasar del tiempo que te parece a veces eternizadamente lento, pero que corre, corre mucho, demasiado, casi ni te das cuenta que el lunes se ha acabado, que ya es viernes, transcurre el fin de semana, y el tiempo vuelve a repetirse una y mil veces, el eterno retorno, y a veces te parece, en un vacuo arranque de optimismo, que te da una oportunidad más, aunque sabes que no es así, que la vas a perder inevitablemente, la vida, porque tal vez ya no puedes ganar nada. Porque es ese tu problema, que has perdido tu oportunidad, estás convencido, que ya lo has perdido todo y no puedes rescatar nada en tu vida, aunque te digan que sólo es un bache, un mal momento, algo transitorio, que te recuperarás, que no pasa nada, que has vivido momentos peores, pero eso no te anima, porque lo pasado ya ha pasado, conoces el final, pero se te acumula el cansancio y esta vez no las tienes todas contigo, piensas, esta vez la cosa es seria de verdad y alguna vez te tenía que coger el toro, y esa vez es ahora, se acabó lo que se daba, además no depende de ti, nada depende de ti, no es cierto que escribamos nuestro destino porque de repente empiezas a recibir palos de todas partes y no eres capaz ya de hacer frente a tanto desbarajuste.
Te ahogas. Por eso te pones a andar, vas a cualquier sitio, da igual, marchas por calles por las que nunca anduviste y recorres lugares por los que no pasaste en meses, quizá encuentres esa oportunidad en cualquier rincón, te dices, donde menos te lo esperas, aunque sabes muy bien que no, que nada te salvará porque en esta altura de tu vida ya no crees en milagros ni en ese último instante en el que de pronto, cuando te has perdido por completo y a punto estás del último ahíto, todo se soluciona y tu vida entonces cambia y se vuelve todo de color de rosa, como en las telenovelas, en las películas o en las novelas simplonas y fáciles. Pero eso, lo sabes ya en este instante, no ocurre en la vida, en la realidad, ahora mismo mientras caminas.
Tienes para ti que has de aceptar el fracaso, que ya no hay solución posible y de poco te sirve el moralismo barato de saber que otros lo pasan peor, sin duda es así, lo sabes, pero poco te ayuda eso porque lo tuyo es lo tuyo y tú lo vives solo. Aunque estés rodeado de otras personas, tú estás solo, te encantaría parar a cualquier de quienes se cruzan contigo y contarle tus problemas, tus cuitas que se decía, pero no posees el valor suficiente para eso, un gesto que tal vez te haría humano, te devolvería cierta dignidad, la de acudir a tus semejantes y aceptar tus debilidades, no lo harás, sin embargo, porque aceptas que nada tiene sentido. Te pones entonces a vagar a la espera de cualquier desenlace que te salga en cualquier esquina, cualquiera que sea. Esta es tu vida ahora, no hay más.

Juan A. Herrero Díez




CIGARRETES DE CANELA

Me tratas como a tu cigarro.
Me tiras tu ceniza en la camisa
De seda blanca recién lavada.
Me chupas y en dos caladas
Terminas con mi fuego.
Cuando te hartas me apagas
En el cenicero del desprecio.
Das vueltas y más vueltas
Con el cigarrito de canela.
La mano es un malabar
Que asume tu humo azul.
La tarde está de la mañana
A un paso del pensamiento.
Sabiendo lo gris del humo
Cuando soplas la calada.
Sabiendo que la vida
Es un cigarrito que se consume.
Si, se consume y se apaga
La colilla y todo el placer
De fumar termina, dejando
Un olor a muerte seca,
Y hojarasca quemada
Que con poco humo anhela
Ser la nicotina que un día fue.
La vida es un mal vicio.
Un vicio que se empeña
En estar vivo dentro de ti.

Por Cecilio Olivero Muñoz




Pirata ( Relato breve)
Pirata

(Dedicado a mis nietos Florencia y Agustín)


Fue como si la tristeza se hubiera anudado en el corazón de los niños de la casa. Un torrente de lágrimas se deslizaba por sus caritas. No recordaban la alegría. Todo era llanto.
De pronto llegó el padre y también acompañó a los niños en la amargura.
Pirata, el otro integrante de la casa, el que marchaba orgulloso, con sus manchas negras sobre ese pelaje blanco, ya no estaba, ni la mirada pura desde un bordeado de negro y el otro de blanco. La fiesta de todos los días con la cola movediza, los saltos, las corridas y ladridos, ya no los acompañarán, cada vez que llegaban a su hogar.
Los niños que no saben de partidas no podían dimensionar la ausencia. ¿Qué significaba?, ¿Qué ya no estaría más?, ¿Qué se había ido para siempre? Pero, ¿cómo era eso? si Pirata estaba inmóvil si, pero ellos podían abrazarlo, acariciarlo, decirle que lo amaban.
El padre con los ojos poblados de llanto, buscaba las palabras más bonitas para contarles sobre la vida y la muerte, mientras cavaba una fosa en el fondo de la casa.
- Miren, aquí colocaremos a Pirata, el quedará acompañándonos para siempre.
Los dos niños al unísono replicaron - Pero papá, el allí se asfixiará, no podrá respirar más - Carlos quedó sin palabras e intentó explicarles que los perritos también van al cielo.
Florencia y Agustín seguían la triste ceremonia, mientras el padre les decía:
- Desde hoy hijitos, aquí habrá un jardín, ustedes sembrarán todo tipo de semillas, con el tiempo florecerán. Esto requerirá de sus cuidados. Cuando todo esté cubierto de flores, sabrán que Pirata estará muy contento.
Pasó el tiempo y de una planta desconocida para niños y mayores brotaron flores blancas con manchas negras. Pirata estaba vivo.

Lucila Soria

Santiago del Estero - Argentina


LOS YOS Y LOS TUS

Esto es amor,
Amor de hermosura,
Nacen los llantos por mí
Y cariños de amargura.
Yo quisiera ser para ti.
Tú, cielo que murmura.
Quiero ser amanecer
Tú, anochecer mientras miras.
Yo quisiera ser vergel
Tú, alma de ultratumba.
Yo remediar mi querer.
Tú, cosa que se vislumbra.
Yo, mármol de un capitel.
Tú, ciénaga que asusta.
Yo, error en un papel.
Tú, pagas la multa.
Yo quiero ser bajel,
Tú, voz diminuta.
Yo, sendero que coger.
Tú, apuntador que apunta.
Yo, lágrima que ver,
Tú, pañuelo con bordadura.
Yo no lo quiero creer
Y tú crees que es una locura.


Por Cecilio Olivero Muñoz


DAME


DAME el dolor, la flor que se marchita,

el vaso que de Amor nunca se llena,

el sol y la luna, el mar y la arena,

la Vida que se muere y resucita.


Dame la Libertad que hemos perdido,

el adiós que en tus labios se atraganta,

la voz que desafina en mi garganta,

la semilla que brota del olvido.


Dame un corazón tan necesitado

de ilusión como lo está el mío. Dame

un porqué, un pudo ser, un todavía.


Dame ese latido que aletargado

no sepa que me llama cuando llame,

dame un beso y te haré una poesía.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)

MI MUNDO


MI mundo ha sido un mundo desigual,

un mundo con las puertas siempre abiertas,

ingrávido, ficticio, visceral,

de anarquías clínicamente muertas.


Mi mundo ha sido un mundo irracional,

un mundo de pasiones descubiertas,

dormido entre arrecifes de coral

en playas que estaban siempre desiertas.


Un mundo malherido de ilusión,

incierto, dividido, envenenado,

un mundo conservado por el frío.


Un mundo donde manda el corazón,

daltónico, precoz, adulterado,

un mundo atormentado pero mío.

AMADO STORNI (Jaime Fernández)




AHORA


SOÑEMOS el futuro inalcanzable,

cualquier tiempo pasado fue peor,

ahora cuando hablamos del Amor

es como hablar de un cáncer incurable.


Ahora que ni Cristo es ya cristiano,

que cambiamos los bosques por floreros,

ahora que hay monarcas y herederos

que presumen de ser republicanos.


Ahora que matar no es un delito,

que no se cierran bien las cicatrices,

que la Vida es voraz y caprichosa.


Ahora que triunfar es ser “triunfito”,

vivir es ser portada en “Que me dices”,

morir es no salir en Salsa Rosa.

AMADO STORNI (Jaime Fernández)



DONDE FUERON


DONDE fueron el ritmo y la cadencia

el gusto por la rima donde queda,

que fue de Garcilaso, de Espronceda,

la forma, el fondo, el ser, la quintaesencia.


Donde fueron los mundos “darinianos”

tan llenos de color y fantasía,

donde fue, en resumen, la Poesía,

la estrofa, el metro, el don, los parnasianos.


Donde fueron la lira, los sonetos,

la rima encadenada en los tercetos,

la Vida descosida en cada estancia.


Que queda del pasado alejandrino,

del verso que enterrado en el camino

yace muerto y tan lleno de fragancia.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)


NO ME CUESTA


NO me cuesta decirte que te quiero,

decirte que sin ti yo no soy nada,

no me cuesta decirte que me muero

por verme reflejado en tu mirada.


No me cuesta decirte que contigo

mi Amor solo respira confianza,

no me cuesta decirte y te lo digo

que eres tú la razón de mi Esperanza.


Te dí, con la intención de conquistarte,

razones suficientes para amarnos,

un nuevo corazón donde mirarte.


Y aunque el mundo se empeñe en asfixiarnos

no me cuesta decirte que olvidarte

me cuesta tanto o más que separarnos.

AMADO STORNI (Jaime Fernández)



DECIRTE


NO vengo a suplicar en mi agonía

la fe de los que nunca en mi creyeron

ni siquiera saber donde se fueron

los besos que no he dado todavía.


No quiero hacer balance de esos días

que quise más de lo que me quisieron

ni tampoco saber si me mintieron

con halagos que no me merecía.


Decirte en este adiós inesperado

que gocé todo lo que tú gozaste,

que sufrí todo lo que tú sufriste.


Que echo de menos en mis noches tristes

el Amor que sin darte te llevaste

aunque yo te lo habría regalado.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)


SATURNO Vs. DIONISIO

(Padre, ¿Por qué me has abandonado?)

Ya sé que tengo la credibilidad
Del loco.
Ya sé lo que fui.
Ya sé quien soy.
Ya sé de donde vengo.
No te culpo por no creer en mi palabra.
Soy torpe hablando y no saqué buenas
Notas.
No me considero escritor, aunque si
Un poeta.
Un poeta inculto.
Por que soy el poeta que aprende
De la mañana a la noche y no
De la noche a la mañana.
He hecho cosas horribles
Pero pagué por ellas.
Yo, en realidad soy un loco.
Un loco que sabe cuales fueron
Las raíces de su locura.
Para ti soy un perdedor.
Quizá tengas razón.
Pero tú no eres un diplomático ni un político.
No soy mejor que tú pero tú no eres
Mejor que yo.
¿Acaso me puedes decir de qué paraíso vengo?
¿Acaso me puedes decir lo que vi y tú no viste?
¿Acaso sabes de qué color son mis sueños?
¡Qué sabe nadie!
Y creen que lo saben todo.
¡Así va el mundo! Mientras unos se dejan la vida
otros dan culto a la muerte.
Cecilio hijo, ¿Es que no te da pena?
Si, me da mucha pena pero no es a la pena
A quien quiero sacarle la pringue.
Es a vosotros, por que dais miedo.
Vosotros no dais pena.
Vosotros lo que dais es miedo. Mucho miedo.
Tanto miedo. Que miedo da tener la pena.


Por Cecilio Olivero Muñoz

miércoles 6 de mayo de 2009

31º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



31º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXXXI 06-05-2.009

EDITORIAL XXXI
Apocalipsis primavera / otoño

Tradicionalmente, la primavera se ha asociado con el inicio de la vida. Muchas son los mitos que así lo recogen, por ejemplo en nuestra tradición cristiana la Semana Santa culmina con la resurrección y el anuncio de una nueva etapa de esperanza y vida. No es el único caso y todos conocemos mitos que dan a esta estación un simbolismo especial. La literatura por su parte ha relacionado en numerosas ocasiones la primavera con la belleza. No es extraño, los paisajes embellecen, el buen tiempo invita a la relación, a la fiesta inclusive, y es lógico que esta estación del año posea esa atracción y la entendamos como una alegoría de lo bello y lo feliz.

Para otra parte del mundo, en el cono sur, no lo podemos olvidar, aunque tendamos a mirar el mundo desde nuestro etnocentrismo europeo y occidental, es el otoño lo que se inicia, una estación que, aun cuando sea el reverso de la anterior, tampoco está exenta de encanto. No son pocos los relatos que hablan de este periodo, recordamos a Julio Ramón Ribeyro, muchos de cuyos relatos describen esta estación en Lima.

Sin embargo, todo apunta a que en este 2009 el recuerdo de la primavera o el otoño, según donde se halle uno, va a ser absolutamente negativo. La crisis se ha acentuado y supone para millones de personas la tragedia del desempleo, la incertidumbre ante el futuro y, en el peor de los casos, la pobreza, incluso la miseria. Los mercados de los países más ricos se tambalean y mucho nos tememos que repercutirá en otros continentes. Sabemos que una gran fuente de ingresos para muchas regiones del planeta son las remesas de dinero que envían los emigrantes y que se reducirán en gran medida por la pérdida de empleo. Esta situación ha despertado un enorme crisis social. Además, contemplamos perplejos una nueva pandemia, una mutación de la gripe, que ha añadido una mayor confusión y la sensación general de que estamos al borde del abismo.

A nadie se le escapa que este nuevo siglo, el siglo XXI, ha empezado con mal pie. Comenzó con el tremendo atentado de Nueva York y hasta hoy el balance no deja de mostrar el lado más atroz de la humanidad. El primer decenio del siglo no podía ser más aterrador, guerras, miseria, divisiones, atentados, fanatismos en todos los campos, y las pocas esperanzas que pudiéramos vislumbrar apenas son pequeñas islas que poca luz dan al conjunto. Hace poco, en la Cumbre de las Américas, el Presidente Chávez le regaló al nuevo presidente norteamericano, Obama, un libro de Eduardo Galeano, «Las Venas Abiertas de América Latina», esperamos, pese a nuestro ya conocido escepticismo, que el flamante presidente sea un buen y atento lector.

No queremos dar una visión fatalista de la realidad, pero ésta se empeña en mostrarnos el peor de sus rostros. Nos encantaría dar un mensaje optimista en este mes de Mayo que empezamos ahora. Pero vez de eso, debemos hacer un llamamiento a toda la humanidad, desde nuestro humilde rincón literario, para que podamos aportar un poco de raciocinio a tanta locura. Hay que aportar una reflexión sobre lo que pasa y plantear un cambio radical en todos los aspectos. Creemos que la literatura y la cultura en su conjunto son una buena base para trastocar el (des)orden de este mundo. Y lo esperamos, aun cuando a veces nos tememos lo peor.


EL PARQUE


Allí, donde todavía parece
Que cortaron el árbol con tu inicial
Ayer,
Donde está mi medio nombre unas cuantas
Veces,
En ese parque aprendí:
Que no te puedes fiar de nadie.
Aprendí:
Que no hay flor ni ilusión que dure
Dos primaveras.
Aprendí:
Que la verdad de los ojos está
Tan cerca
De la solitaria verdad de la boca
Que la mañana
Es inocente de toda culpa
Y mientras tanto,
Vé partir su palpitar blanco
Mientras cae la tarde
Con un mirar,
Que delata un receloso
Ya te lo dije
A una noche de
Estrellas sonrientes
Que se van, todas juntas,
Del polvo al soplo.
Y la mentira es muchas.

Por Cecilio Olivero Muñoz


ME CONSUMO

Vivimos en una sociedad
De consumo,
Consumo y consumo
Comida, bebida y ocio;
Se consume mi cigarrillo,
Se consume mi vida
Y yo consumo vida.
Valga la redundancia
Y valga ella, para consumirme
Un poco más de lo que
Ya consumida estaba.

Por Cecilio Olivero Muñoz


A MEDIA TARDE


Fue Mara quien me llamó para contármelo. Ha pasado algo, me dijo con voz entrecortada. Había estado llorando, se le notaba en la voz, y posiblemente volvería a llorar, pensé, después de hablar conmigo o mientras me lo contase. Intuí que ciertamente la noticia debía de ser trágica, algo terrible, añadió Mara tras un breve silencio. No sé por qué en ese momento me vino a la cabeza Raúl, aunque se conocían no eran amigos, ni siquiera estrechos colaboradores, al menos es lo que pensábamos todos mientras Raúl trabajó en la empresa, claro que no serían los primeros en tener algo en secreto, una discreta relación, cosas más raras se han visto, pero para nosotros sólo coincidían en la oficina, como coincidíamos todos en algún momento, intercambiaban saludos, comentarios, a veces la veíamos sonreír, Raúl era un tipo afable, simpático, un tanto guasón en esa época, antes de que le cesaran y cuando todo parecía que le iba bien, luego cada uno de ellos seguía con sus tareas, nada indicaba al fin y al cabo que hubiese algo, yo no lo creo, y tampoco nos cebábamos con ellos, como cotilleábamos en ocasiones de otros romances pretendidamente reservados, pero cuando Mara me llamó hubo una intuición, algo que me llevó a pensar que aquello horrible que había ocurrido tenía que ver con Raúl. Lo había visto poco antes, me lo encontré por la calle y le noté decaído. Le habían echado del trabajo de malos modos y después de años de entrega absoluta. Todos estuvimos de acuerdo, lo de Raúl mostraba hasta qué punto la ingratitud dominaba las relaciones de la empresa con nosotros y, aun cuando éramos conscientes de que la nuestra, como cualquier otra empresa, no tenía corazón, esperábamos que las cosas transcurrieran de otro modo, aunque nadie dijo nada, ninguno comentó lo desagradable de aquel despido sin apenas explicaciones, un estúpido por tópico “es lo que hay” que produjo breves palabras de desagrado, pero en absoluto en tono de queja, a media voz, menos aún dirigidas al director, dominaba un dócil silencio que sólo se manifestaba en comentarios en los pasillos.
Mara tardó un poco en comenzar a relatármelo, como si necesitara mi pregunta, qué pasó, o tal vez porque tuvo que aguantarse los sollozos. Me dijo que Raúl había entrado a media tarde en el despacho, ella no lo vio llegar, pero los compañeros que estaban en sus mesas y que lo vieron se sorprendieron un poco por lo inesperado de su visita, aunque la aparente calma de su rostro no despertó la menor sospecha de lo que estaba a punto de ocurrir. Saludó a los compañeros, algunos no lo habían vuelto a ver desde que dejó su puesto, mejor dicho, desde que lo despidieron, y aun cuando lo notaron serio, desde luego no era el mismo que antes, nada en él hacía barruntar algo extraño, me dijo Mara que le dijeron, parecía relajado, algo más delgado, comentó alguien, pero nada hizo presagiar la tragedia y sin duda, supusieron algunos, estaba allí por algo administrativo o burocrático, algún documento pendiente de firmar seguramente, a pesar de que había pasado su tiempo desde que se marchara, medio año más o menos. Se dirigió al despacho del director, al fondo, saludó a la secretaria y tal vez aquí fue el único momento en que él mostró una leve sonrisa, puede que misteriosa, quizá en el momento en que ella le dijo ella que no tenía cita con el director, que estaba ocupado, que no podía recibirle, y él respondió, al decir de alguien que estaba cerca, me advirtió Mara, dándole al relato sin quererlo un tono novelesco, que no le importaba lo que estuviese haciendo, que tenía que verlo y lo iba a ver, se dirigió a la puerta, la secretaria se quedó quieta un instante, sorprendida, no estaba preparada para gestos así, y sólo cuando ya Raúl sujetaba el pomo de la puerta y se paró unos segundos, como si se lo pensara o puede que tomara fuerza para el siguiente paso, la secretaria intentó llamar al director, avisarle de la inesperada visita.
Nadie sabe a ciencia cierta que ocurrió en el despacho. Pasados unos cinco minutos se escucharon las detonaciones, fueron cuatro, cinco o seis, nadie se pone de acuerdo, me dijo Mara, luego se impuso un silencio de aquellos que se pueden calificar de plúmbeo, como si el tiempo se hubiese detenido y ya nada fuese a ocurrir en la vida. La puerta no se abrió y tal vez todos esperaban que se abriera de pronto y que Raúl surgiera en algún momento tras ella, ya con una sonrisa abierta y complacida, y con él el director, pero la puerta seguía sin abrirse y todos sintieron la convicción de que había que entrar en aquella sala y saber qué había pasado. La secretaria temblaba. Algunos compañeros se levantaron de sus sillas, de un modo mecánico, como si hubiera habido una palanca invisible, me dijo Mara, pero se quedaron inmóviles, titubearon, llegué en ese instante, susurró casi, y se notaba la tensión en la sala. Guardó silencio y yo me quedé en ascuas, pensando que Mara hubiera podido ser una brillante narradora si no fuera porque lo que me contaba era cierto, absolutamente cierto y no uno de esos relatos de terror que tanto gustan a cierta edad. Alguien entró en el despacho, no recuerdo quién comentó, y salió de inmediato, pálido, demacrado, pensé que sería la expresión exacta. Llamad a la policía, a una ambulancia, gritó. Dentro, dos cadáveres mudos. Eso es lo que pasó, terminó Mara y entonces se calló a la espera seguramente de que yo dijese algo, pero yo me quedé callado, no acababa muy bien de entender lo que me había contado, no la sucesión de hechos, sino el significado de todos ellos, aunque mejor sería decir que no supe cómo incorporarlo a mi vida, a mi presente concreto, a mi cabeza incapaz de asumir lo escuchado, eso estaba sucediendo, en cierto modo, en los aledaños de mi vida. No, me corregí a mí mismo, no en los aledaños, sino en mi vida, en la vida real que me afectaba más directamente, no era una noticia de Dakota, de Carolina del Sur ni de Idaho, la había protagonizado alguien que yo conocía, con testigos que yo veía a diario y una víctima con quien yo había hablado unas horas antes y tuve para mí que uno no está acostumbrado a tales hechos que son más bien materia televisiva y lejana. Intenté entender a Raúl, ponerme en su piel para comprender cómo había llegado a ese punto, pero hay momentos en que costaba esta aproximación, sin duda la desesperación le había conducido a un nivel de locura que resultaba difícil de acotar, de contemplar en toda su amplitud, y yo no era capaz de sentir ese grado de intensidad emocional.
Estás allí, me preguntó Mara y con ello me estaba exigiendo una respuesta, unas palabras, tal vez una explicación que yo, a ciencia cierta, no podía darle. Escuché un breve y reprimido sollozo. Dónde estás, le pregunté. En la oficina todavía, contestó. Voy para allá. Colgué. Tardé unos minutos en reaccionar y salí de casa sin tener claro nada, aunque horrorizado por la sensación de que, sin entender el por qué, yo hubiera podido haber estado en el lugar de Raúl.


Juan A. Herrero Díez


PERRA VIDA

En estos momentos estoy
Que no voy ni para atrás
Ni para delante.
Voy a casa, la que fue
Mi casa donde nací
Y no me queda otra que
Volver a la casa que me
Ha dado vida. ¡Perra vida!
Toda la vida venerando
A la que fue mi familia
Y no me queda otra que
Venerar a la que es hoy
Mi familia. ¡Perra vida!
Hoy escuché el grito
De rabia de mi mujer
Y sentí el aliento frío
De mi adorable madre.
¡Perra vida de intereses!
¿Qué razón me queda
si yo mismo me contradigo?
Y, ¿Por qué me contradigo?
Por que no sé para que lado
Tirar, o si para la casa de mi
Madre, ya desentendida de mí,
Hasta caer en el defecto
De la cruel torpeza o la casa
De mi mujer que se atormenta
De forma cínica por amores
Baratos que no valen ni
La mirada de odio y rencor
Que puedas ofrecerles.
Yo sé lo que me pasa:
Me pasa que se juntan todas
Las verdades en una mentira,
Me pasa que el miedo, unido
A la esperanza y unida
A la malicia morbosa me hacen
Despertar de un sueño que
¡Perra vida! Toma y dale,
dale y saca, suma y sigue,
resta y busca, jode y jode.
Se me junta el hambre con
La gana de comerme el mundo.
Se me acaba la paciencia
Y no desespero ante mi duda.
Mi duda, mi gran duda.
Esa puta parada en una esquina
A la que se le cruza el dicho de:
¡Perra vida! ¡Perra vida!


Por Cecilio Olivero Muñoz



ME DEJARON SOLO… ¿AMISTAD?


Recuerdo que hace tiempo
Me escupiste a la cara,
Comprendí muchas cosas.
La gente es tan malvada,
Que no conoce todavía
La libertad… que se jodan.
Yo si la conozco, por eso
Me cuesta tanto vivir sin ella.
Esa gente que va por ahí
Mirando, absorbiendo,
Alimentándose de las penas,
Los miedos y los fracasos
Son la mera imagen tosca
De la pobreza de espíritu,
Son la pobre virtud de los
Que no tienen alma buena,
Son los carcamales perfectos
Para quemar, para joder.
Tengo tanto odio en mi cuerpo
Que sudo estricnina, venenoso
Sendero fui a coger, yo, asqueroso
Inocentón del tres al quince. Vértigo.
Vertiginosos son los senderos
Que claman a las gentes primitivas.
Yo, alquimista de tentaciones
A contra luz he aprendido algo:
Todo me duele, me duele el odio,
El rencor y el miedo que tengo
Haya en el pensamiento, y que ya,
No encuentro la punta a los alfileres.

Por Cecilio Olivero Muñoz

SONATA DE ESPERANZA
Dedicado a mis hijos: Brianda Lucia y Héctor Ernesto.

Por amor a mis hijos, a los niños y a la vida,
lancé al azar dentro de botellitas de viento,
las semillas de mis sueños: en metáforas y versos.

La vida me enseñó a enviarle cartas al destino
¡Jamás aprendí a dialogar, con el silencio de las paredes!
ni encontré soluciones, en las celdas de los laberintos invisibles.
Aprendí de lo esotérico, de la naturaleza, del amor;
digerí realidades azotando las calles como un azotamundo
y escuchando las anécdotas de los filósofos de la vida;
así ustedes se favorecerían vivenciando otras oportunidades.
Aprendieron a descubrir horizontes y a vivir con fogosidad la vida
conociendo países, culturas… amando y viviendo sin angustias
¡Gracias a la sombra amorosa y esfuerzos de su amada madre!

Nunca crean todo o que dicen los libros, ni la historia.
Los medios de comunicación siempre han sido los pregoneros,
de ese lado oscuro que poco se conoce o divulga de la vida.
Algunos mienten, cual vulgares murtes que deshonran la palabra
¡Cada uno de ustedes, tiene que escribir su propia historia!

Jamás pierdan la oportunidad de aprender de los azotavida,
que embistieron con sueños: huracanes y tempestades;
de la ciencia diestra de quienes araron la vida con sus manos;
en una plática, un adulto mayor por humilde que sea,
les legará su sabiduría y experiencias… en ¡historias fantásticas!
y les permitirá prevenir: el cometer los mismos errores.

2

El poeta canta la inspiración de las musas, de sus ninfas;
rimando y midiendo los versos tramados por los suspiros
del corazón y del alma, que destilan y condensan la savia
o la esencia de la vida, en cántaros de la gaya ciencia.

Hay que hablarle al hombre y comunicarse con la multitud;
que la fantasía mágica de las palabras, nos haga uno a todos;
¡Que la vida deje de ser: ese mar de mierda! ¡infernal pudridero!
del que nos habló ex monseñor Guzmán, Eutiquio o sus abuelos.
Disfruten del placer de pensar, hablar o actuar,
jugando con las contingencias del azar
y derrotando los absurdos del destino,
hasta izar sus propias banderas sobre el Everest de sus sueños.
Comprométanse en dejar el mundo un poco mejor del heredado;
nunca duden en hacer o apoyar siempre: ¡algo por la vida!

Sueñen mirando la luna, las estrellas y fíjense metas ambiciosas; siempre encontrarán sosiego y razones difíciles en la existencia
¿Serán el cielo y el infierno, simples conceptos o espejismos,
para que el hombre soporte la vida y no se bestialice?

No crean en la verdad absoluta de las palabras;
pueden ser mentiras bien dichas o repetidas mil veces,
hasta que terminan transformadas en verdades o en historia.
Aprendan a escuchar y a conocer las dos caras de todo;
Lo indivisible es déspotamente relativo: como el bien y el mal.
Tienen que aprender a elegir y tomar siempre lo bueno;
quitando la no esencia de las insignificantes opiniones,
de vivencias equivocadas del mal o del error;
nada bueno se puede cimentar sobre la injusticia,
así la verdad veces desengañe como ilusiones quimeras.
Nunca dejen de escuchar al infalible corazón, al alma de su madre, el consejo su padre, a los recuerdos de sus abuelos…
¡Nunca olviden las palabras visionarias del tío Guillermo!

Aprendan a hablar, pero si nadie les escucha: ¡Griten!
Hasta que aprendan a oír los sordos y a hablar los mudos
¡Entonces esos hombres serán libertos y aprenderán a volar!

3

Deben acostumbrarse al brillo natural de la luz,
a vivir intensamente los momentos de sus existencias;
lo simple es hermoso y lo leve, les enseñará a pensar en grande.
Una marquilla consumista, muchas veces alucina a la estupidez
¡Nunca permitan que la ambición les confunda o enceguezca,
más en una paradójica Babel, como en la que vivimos!
Todo encierra su propia verdad, una razón y un sentido lógico;
Nada se da o es porque sí, sin razón o acción sin consecuencia,
así creamos que brota enigmáticamente del sueño de un destino.

Los sentidos les permitirá apreciar la piel de la vida
y esos maravillosos milagros que desvirtúan al ateísmo,
así confundamos a veces al amor, con el Sol o las montañas.
Los grandes logros están hechos de invaluables pequeñeces;
un poco más puede ser demasiado y algunos excesos,
les pueden echar a perder sus sueños, al igual que las carencias
¡Solo los verdaderos valores, les conducirán al éxito!

Día a día, la tierra pierde más el verde esperanza;
la sonrisa y la alegría desaparecen con el desencanto;
el grito revolucionario y libertario, resuena cual utopía.
Los principios y la moral, deben ser su rosa de los vientos.
El destino exitoso no puede depender de la oferta y demanda
de vicios o negocios, que prostituyen como el peor cáncer.
Nada ni nadie atenta más contra la salud de las instituciones,
que el carcoma que las corroe, cuando crece dentro de ellas.
Las sociedades se marginan del desarrollo emprendedor,
cuando se burocratizan y dejan de ser proactivos sus ciudadanos

Las hojas caídas no solo significan otoño,
también puede ser un árbol caído.
Nunca crean en todo lo que no han visto;
tienen que aprender a ver siempre más allá, con sus corazones.
La verdadera historia debe ser la raíz y el principio,
de una memoria que jamás se debe borrar o ignorar;
La tradición es la antología de la vida, su disco duro;
la experiencia y el aprendizaje, promedian e imponen una cultura
Recuerden: Las grandes innovaciones han nacido casi por azar.

4

No dejen pasar las ocasiones de fisgonear la vida con intensidad,
ni teman tomar decisiones, ni pierdan el tiempo en rezos;
Dios no vende lotes en el cielo por diezmos o indulgencias;
ustedes son pequeños Dioses y pueden ser creadores;
sus destinos dependen: de sus manos y de sus corazones.
Tienen que creer siempre más, en lo que no ven ni verán;
La paz del espíritu les da la credibilidad y confianza necesaria;
aprendan a sentir la expresión profunda de sus sentimientos;
el fanatismo enceguece y camufla los abismos con su ignorancia.

La verdad se aleja cada vez más de las Iglesias;
Jamás Dios predicó con recados, que el hombre puso en su boca;
El hombre nunca alcanzará a hablar o a pensar como él.
¿Siempre existirán malditos engendrados, cual errores de Dios!
Alimañas que afrentan el buen nombre de familias y del país.

Tienen que aprender a hacer compatibles: la carne y los rezos;
es absurdo que un clérigo tuviera que aprender
a empuñar y disparar una metralla contra prójimos
o que un exmonseñor se tuviera que quitar la sotana,
por enseñarnos y poder predicar: que primero esta el hombre
y que el relativismo de la verdad, nace de un misterio.
Con limosnas nunca se solucionarán los problemas sociales,
así crean que invierten en la cuota inicial de un lote en el cielo.
Aprendan a arar, a pescar, a cazar con sus propias manos;
no existe felicidad más grande que enseñar y ayudar al prójimo.

5
¡Nacer es el mayor y más hermoso milagro de la vida!
Nada es más grande: que el crear luz y sueños de la savia
Un hijo fruto de su sangre, siempre será: ¡hermosa perla!
¡Germen de sus ilusiones y vino de sus estirpes!
Para asombrar la vida, ¡han nacido con estrella!
¿Para qué azorarla, en vez de maravillarla?
Debemos construir el mañana, a partir de ahoras;
así tengan que excavar hasta las raíces, la tierra;
cimentar más profundo de lo imaginado para soportar:
los pesos de las estructuras de sus existencias.

La vida como las ideas o la naturaleza,
reverdece donde late la esperanza y un mañana;
aparece en el mundo cual manantial fuente de vida,
para saciar sedientos, desesperados o perdedores.
La carne que conforma sus cuerpos, les enseñará y exigirá:
¡El disfrute de los paraísos y maravillas de la vida!
Hay tanto para extasiarse en ella,
que no vale la pena reducirla a quimeras
o dejar de vivirla con intensidad, por creer en otras vidas.

Aprendan a desnudarse para sumergirse en sus sueños;
tomen siempre un nuevo aire para soportar la vida,
sin ahogarse, claudicar o reventarse antes de tiempo.
La existencia: ¡siempre será un breve sueño!
No malgasten el tiempo, intentando descifrar: el bien o el mal;
la vida, el amor, la muerte o la felicidad;
ni aquellos absurdos misterios que nacieron
del cuestionamiento o especulaciones del hombre.
El nombre ni la razón, no importan, si todo es lo que es;
la vida encierra intrínsicamente, siempre la verdad;
una lógica natural e infalible, ajustada a leyes naturales.

Tienen que explorar y conocer el mundo de las sombras,
para aprender a comprender, apreciar y amar la existencia.
Jamás es tarde para educarse, reconocer y besar la vida;
¡a suspirar con el aroma de las esperanzas vivas!
Todo en la coexistencia, tiene su momento preciso;
ese ahora o nunca, que decidirá en un segundo: ¡sus destinos!

Es difícil aprender a vivir, devorándose una biblioteca;
así como nadie ama más la vida, que quién la esta perdiendo.
Tienen que vivenciar y disfrutar del espíritu de las aventuras;
Las grandes satisfacciones, siempre conllevan sus riesgos;
permítanle a otros acercarse a sus mundos
y conocer las respuestas de sus almas;
los deseos o voluntades de sus cuerpos, de sus instintos;
nunca olviden que todos somos un todo: como cuerpo y espíritu.

Aprendan a fluir como un afluente, buscando siempre su mar.
Si desean ser océano: ¡tienen que dejar de pensar como río!
quizás tengan que ser creatura, cualquier cosa o flor,
antes de ser llegar a ser: ¡un inmenso cardumen de sueños!
No permitan que la zozobra, se devore la música de sus días;
nunca se enamoren solo de la carne, de la piel o del sexo;
para ser más que vulgares chacales o depredadores carniceros.

6

Sin amor todos somos cadáveres o nos hacemos asesinos.
Si la razón más profunda de la vida: es el amor,
no es quimérico engalanarla ni romper la soledad
con una amante entusiasta y apasionada como el fuego.
Nunca estarán a salvo de las tentaciones circunstanciales
¡Los sentimientos siempre serán imprevisibles!
Apasionados como desiertos ardientes o hembras en llamas
Recuerden: Un orgasmo es la cópula de la vida con su esencia.

El amor como la verdad, tiene que ser cristalino
más no absorbente, fresco y abundante
como bebedero de oasis o una ultima esperanza.
Jamás se enamoren en exceso, hasta perder la cabeza;
el que se enceguece por amor: ¡se idiotiza!
Aprender a enamorarse con la magia demencial
de un orgasmo: ¡es tocar las estrellas con el corazón!

El placer debe recorrerles como sensaciones eyaculadoras;
ábranse sin enmendar las puertas del imperio de sus sentidos;
descifren valores para traducir los conceptos: Bueno y malo,
en función del engrandecimiento, brillo y pasos de sus vidas. Háganse sentir como sus grandes amores y antorchas;
mojones para no encallar y llegar a salvo, sin naufragar.
Regálense siempre felicidades, a cambio de nada;
crezcan a la luz del Sol y no a la sombra de sus parejas;
Enriquezcan sus vidas con todo aquello que han añorado
¡Llénenlas de felicidad con magia e invenciones creativas!

Aprendan a tocar y reconocer la belleza natural del cuerpo;
a sentir la piel y vivir el deseo sin enmendaduras.
Enciendan con besos sus ilusiones y calienten con caricias,
sus corazones y sus cuerpos, en la soledad o en el invierno.
Embriáguense con el hechizo de los besuqueos amorosos;
ensueñen sus pasiones y déjense arrullar por los sueños.

Solo sintiendo los latidos de sus corazones,
conocerán las intensidades con las que se puede sentir la vida
Permítanse tocarse en silencio, descúbranse;
cierren los ojos, sueñen, resistan hasta donde más puedan;
tienen que regalarse: ¡todo lo que llevan, atrapado dentro!
Tienen que quedar siempre: ¡Viendo lunas cuarto menguante!
El día que se diga: Estoy cansado o me duele la cabeza,
empiecen a preocuparse, porque un o una amante:
No conoce el cansancio y ¡jamás le duele la cabeza!

Aprender a vivir enamorado, es mágico como un viaje cósmico
¡Fascinante como topar una rosa, en una desértica estrella!
Nada pierde más al hombre, que la indiferencia de un amor;
les puede herir hasta arruinar sus vidas,
si no aprenden a reconocer, lo ridículo que existe en él.
Que no muera nadie más de mal de amor
¡que nadie vuelva a morir con el corazón destrozado!
Nunca arruinen la vida de un ser humano,
por vivir egoístamente: ¡una fugaz ilusión cometa!

7

Siéntanse como el futuro y esperanza de un mañana,
de una nueva sociedad, de un nuevo mundo;
los perdedores piensan y actúan, buscando su fracaso.
Ustedes nacieron con la estrella de los triunfadores;
de quienes saborearán el éxito como una costumbre;
El conformismo arrastra con sus gemidos a la perdición;
deben aprender a vestir, ser, pensar y actuar
con espíritu triunfador: sin dejar de ser ustedes mismos
¡Nunca venderán sus almas a ningún precio, al demonio!

Todos somos tan intrascendentales e insignificantes a veces,
que nos desencanta la poca importancia de los importantes.
Ningún hombre puede andar sin dejar de tocar la tierra,
pero se puede llegar a ser más: que un temeroso o mediocre.
Mírense en todos los espejos y a todos siéntanlos en ustedes,
nadie es más ni menos que otros;
cada uno desarrolla un mundo, con su visión y proyección;
el destino no pende de la sino o de un Dios titiritero;
¡solo de esos permanentes exitosos, que se deben crear!

Nunca opinen ni hablen mal del ausente;
solo los mediocres denigran de los hombres con valores.
Siempre hay que ver el todo y nunca una sola parte
¡Lo trivial siempre será indiferente, para el verdadero hombre!
Jamás dejen de pensar, de soñar, de fijarse metas ambiciosas;
cuestiónense permanentemente en busca de la verdad;
Nunca nieguen o ignoren sus errores, aprendan de ellos;
solo serán grandes, aprendiendo a correr riesgos calculados.

Sé que pueden ser Sol y aurora;
esperanza y mañana del mañana.
Néctar para las nuevas generaciones,
limpiando siempre los peligros de sus caminos
Aprender a escuchar, es comprender y amar al prójimo;
sentir su piel, es compartir sus sentimientos.
La cópula es la comunión del alma con el espíritu de la vida;
enloquezcan sus sentidos, acariciando la piel del alma
Pueden engendrar al nuevo hombre,
raíz cimiente de un mañana con esperanza,
con enseñanzas y un nuevo ejemplo.
La indiferencia, el silencio, los excesos de libertad,
no pueden seguir perdiendo a nuestros jóvenes.

Tenemos que volver la mirada hacia el campo.
Las máquinas deshumanizan y mecanizan al hombre;
La electrónica y la informática lo robotizan, lo cosifican,
como si fuésemos engendros ¡unidades de consumo!
Desalmados murtes que venden la dignidad, por una bicoca.

Disfruten las ideas que acarician sus desnudeces,
como los arrumacos de la vida que son el aire y el agua.
Ninguna careta les hará Arlequines
ni les preemitirá pasar desapercibidos;
siéntanse orgullosos de poder andar siempre
con la frente bien en alto, sin la vergüenza del mediocre;
Desconfíen de quién no sepa estrechar la mano,
falsee la voz o evite mirar a los ojos como los murtes.

Respeten siempre al hombre y a la mujer;
a la rata y a la pulga, así como al caballo,
al perro, al pájaro, al águila y hasta los insectos
¡Toda la obra de la naturaleza: tiene derecho a la vida!
Dios no puede negar su obra ni sus errores,
así parezca que engendro ebrio: a la vida;
el error y el mal son pruebas de la libertad del hombre
y de su compromiso, con el reescribir su destino.
Todos los mal nacidos, son frutos de la pasión estiércolera
¡Hay que aprender a perdonar, así no todo se pueda olvidar!

Piensen siempre como los más grandes y exitosos;
siéntanse como algunas de las personas más bellas.
Nada ni nadie es más grande que uno, ni nos pueden pisotear
La cima siempre estará más próxima, de lo que se cree;
no existen imposibles, sino pesimistas o invidentes,
porque las oportunidades están esparcidas por el mundo.

8

Jamás hieran a nadie con palabras o con hechos;
Nadie pelea por pelear y menos para perder
¿Por qué fomentar y engendrar el odio?
Las heridas que se ulceran, jamás sanan
Hay alimañas humanas que solo aprenden,
a base de castigo como animales o bestias.

Hay ideas que conquistaron más, siendo simples palabras;
que muchos que empuñaron las armas con rencor y amargura
¿Cómo se puede volver a verle el rostro a un hijo,
al llevarlo al reclutamiento, para vivir la infernal guerra?
Solo nacieron para perder los guerreros,
que lucharon sin ideales altruistas o por causas innobles;
¡las guerras son a muerte y dejan amargos imborrables!

¡Solo las personas grandes se inmortalizan!
los otros mueren como simples cenizas en los cementerios
El verdadero hombre sempiterno ¡Jamás será finito!
sus ideas y sus obras: siempre serán simiente y sana semilla.
Solo morirán los mediocres en la memoria del tiempo;
los que transitaron raptando o de incógnitos por la vida;
los que nunca aprendieron a convivir como seres socializados
con la brisa, el río, las noches, la naturaleza o las estrellas.

La vergüenza solo debe acobardar a los medianejos;
a los maricas o a los que no saben hacer honor de las deudas;
Los que deben algo, presienten pasos y la sombra de Busiraco
¡El terror los acechará en todas las esquinas y en los rincones!
Es malo tener que aprender de la muerte talionera,
ahora que aprendimos a convivir con ella;
ya ni nos asusta, así no se pueda camuflar impune con la vida;
acechará en callejones sin salida o en pabellones de la muerte.

La muerte tiene que enseñarles a pensar, en el amor;
En él se ilustrarán sobre el placer de las pequeñas muertes;
el por qué las amantes resucitan: ¡con sonrisa de primavera!
La naturaleza desboca con odio toda su energía
para castigar la soberbia y los abusos del hombre;
solo la modestia y la moderación les permitirá,
disfrutar de ensueños y evitar el vivir tragedias apocalípticas.

La guerra sembró de muerte y desesperanza la tierra,
como la erupción del volcán, el terremoto o el huracán,
¡Asesinos que pasan chillando histéricos como parcas locas!
Luchar es peligroso, tanto como pensar;
Puedes no hacerlo y seguir tu camino,
pero los inmortales jamás rehuyeron al compromiso,
ni se escondieron y se conformaron con vivir el momento,
atrincherados tras noticieros o investigaciones periodísticas.

Voy a abrir de par en par las compuertas
de la ventana acantilera de los suicidas;
Para que fluya la vida como el viento por las venas.
Unos nacen cuando mueren y la mayoría nacen muertos.
La brisa de las ideas, refresca como la caricia de un beso.
¡Nacieron para jamás morir, si son semillas vivas de vida!

Loca y desnuda noche:
¡Abrázame fuerte, noche de senos desnudos!
Abrázame fuerte:
Noche de luceros y quasar de grandes estrellas.
Que crezca el amor por la vida
en los pechos y en todos los corazones
No hay que malgastar el tiempo,
viviendo lo que muchos llaman vida.
Aprendan a ser siempre esencia de la verdad,
pero nunca pretendan saber más que demasiado;
muchos aprendieron a ser malos, ignorados o maldecidos,
en lugar de ser buscados, admirados o abanderados.


Con todo mi aprecio y humanista amor

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com


LEVÁNTATE Y ANDA


LÁZARO, levántate y anda, despierta

que el mundo está esperando para darte

la savia del Amor donde saciarte,

los labios de una boca siempre abierta.


Lázaro, levántate y anda, despierta

que el sueño de soñar quiere entregarte

la llave de ese Amor que por amarte

de par en par te abre todas las puertas.


Aquí te espera el miedo, la razón,

las drogas, la rutina, el aguacero,

los besos sin Amor, la sal, las dietas.


Aquí te espera el crimen, la oración,

el llanto, la pasión de invernadero,

la Vida que acabó con los poetas.



AMADO STORNI (Jaime Fernández)




JUVENTUD


A lo estéril se vence floreciendo,

a la envidia se vence prosperando,

a la Muerte se vence conquistando

la Vida cada vez que estés muriendo.


A los sueños se vence despertando,

al orgullo se vence sometiendo,

al desamor se vence descubriendo

que es Amor lo que siempre estás buscando.


Luchar lo imposible ahora que podéis

porque ser joven empuja a la lucha

y la lucha siempre empuja a vivir.


Y aunque os critiquen no os desaniméis.

Es mucho más sordo aquel que no escucha

que el infeliz que nunca pudo oir.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)



NOSTALGIA


COMPAÑEROS de juerga y diversión

del placer y el Amor más engañoso

fuisteis para el alma lo más hermoso

y un cáncer para el pobre corazón.


Deslumbrado por las luces de neón

que dieron Vida al yo más caprichoso

hoy sueño con volver a ser dichoso,

hoy sueño con volver a la razón.


Nostalgia de los años, la hermosura

se me ha ido apolillando en los reversos

de la Vida. Y los sueños, más discretos,


no paran de buscar en la basura

las estrofas sobrantes de mis versos.

¡Qué mal riman el hambre y los sonetos!


AMADO STORNI (Jaime Fernández)



UN CORAZÓN


FAMÉLICO de besos, mendigo de ilusiones,

inválido, dormido, fugaz y aventurero,

intrépido, distante, misógino, sincero,

culpable de sangrarme la Vida a borbotones.


Deudor de mis sentidos, testigo de ficciones,

soberbio, distraído, vulgar y cazallero,

noctámbulo, confuso, disléxico, embustero,

bulímico, sarcástico, prozac de mis pasiones.


Indómito de sueños, irónico, indeciso,

la esencia de mis besos, daltónico, aburrido,

la huella de mis pasos, esclavo de Cupido.


Quien bebe de mi sangre sin yo darle permiso,

guardián en sus latidos de mi dolor la llave.

Esto es un corazón. Quien lo tiene bien lo sabe.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)

DAME


DAME el dolor, la flor que se marchita,

el vaso que de Amor nunca se llena,

el sol y la luna, el mar y la arena,

la Vida que se muere y resucita.


Dame la Libertad que hemos perdido,

el adiós que en tus labios se atraganta,

la voz que desafina en mi garganta,

la semilla que brota del olvido.


Dame un corazón tan necesitado

de ilusión como lo está el mío. Dame

un porqué, un pudo ser, un todavía.


Dame ese latido que aletargado

no sepa que me llama cuando llame,

dame un beso y te haré una poesía.


AMADO STORNI (Jaime Fernández)


PADRE QUE ENSEÑAS

¡Padre! ¡Padre! ¡Padre!
Yo no quiero saber dividir
Ni tampoco multiplicar
Ni sumar ni restar
Yo quiero unir palabras
Que se llevan mal unas
Con otras
Y eso nada más quiero
Unir palabras
Unas feas y otras malas
Y quiero unirlas para hacer
Frases con ellas
Y no para contarlas
Y al unir palabras
Uniré al cielo
en el horizonte lejano
con la mar helada.
A mi lado hay un poeta
Y delante otro más
Y detrás otros más
Y si yo muero habrá más
Poetas que mueran por unir,
Por unir palabras.
En un mundo de números
Quebrados
Que sentencian un límite.


Por Cecilio Olivero Muñoz


viernes 3 de abril de 2009

30º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



30º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXXX 03-04-2.009

EDITORIAL XXX
Triste Aniversario


El 1 de Abril conmemoramos el final de la Guerra Civil Española, el triunfo del fascismo, la derrota de la República. Hace setenta años se inició una época siniestra en la historia de España que duró treinta y seis años. Esa guerra fue el preámbulo de la IIª Guerra Mundial y tal vez por ello la Guerra Civil Española se rodeó de un significado especial, simbólico. Hubo muchas cosas en juego: el concepto de libertad y de democracia, la lucha contra el fascismo -en plena expansión en Europa desde la década de los veinte-, la propia Revolución Social, que se produjo tras el 18 de Julio del 36 y con una notable influencia del anarquismo y de corrientes marxistas desvinculadas a Moscú.

Setenta años después todo aquello resulta muy lejano. Aunque se discute sobre la memoria histórica y la necesidad de recuperar el recuerdo de la época, algunas veces con cierto sectarismo, es también cierto que hoy hay injusticias graves muy acuciantes contra las que luchar. Creemos que el mejor homenaje a los derrotados de la época, a aquellos hombres y mujeres que quisieron una sociedad mejor, es responder a las injusticias de hoy con honestidad y radicalidad. Sin duda, los combatientes antifascistas de aquella época estarían hoy enfrentados a la miseria globalizada, al desempleo y a la precariedad, a la migración salvaje, nueva esclavitud de los siglos XX y XXI, a las guerras, a la destrucción ecológica del planeta.

Por otro lado, también nos gustaría que el ambiente cultural fuera similar hoy. Sin embargo, la banalidad de los debates públicos, la insustancialidad de muchos medios de comunicación, atentos más a la privacidad de las personas, a los cotilleos, que al análisis de la realidad colectiva, el desmoronamiento del sistema educativo, todo ello nos produce no poco pesimismo. Es verdad que la España de entonces es distinta a la España de hoy, aun cuando haya todavía aspectos que las acerquen, pero lo que echamos de menos es sin duda la actitud ante la realidad, tal vez lo que más nos gustaría recuperar hoy.

El profesor Mainer calificó de Edad de Plata de la cultura española los años que van de finales del XIX hasta la Guerra Civil. No podemos dejar de envidiar la vida cultural de entonces, ya hemos hablado aquí de ello en algunas ocasiones. Es verdad que abundaba también el analfabetismo, pero una de las obsesiones de la República, sin duda la más loable, era llevar la educación a cada rincón del país, como lo recuerda Josefina Aldecoa en alguna de sus novelas. Sin duda fue el mayor de sus aciertos.

Por eso es necesario recordar aquella época, aunque sin hacer de la memoria una herramienta de usurpación de la verdad. La IIª República tuvo muchos logros, pero también muchos fracasos. No logró erradicar la pobreza, la explotación, un sistema económico injusto, aunque pretendió reformas en ese sentido. Tuvo la educación y la vida cultural sus dos principales éxitos. Hoy nos gustaría parecernos a ese tiempo.


ALFABÉTICO DIABÉTICO

Soy como la erre que suena diferente,
Siendo la misma de siempre,
¿Por qué suena rosario y remero
diferente al ronronear del perro?
¿Será por que camino a ras de suelo?
O como la ele que acompañada
Por su hermana gemela suena elle.
¿Y por qué su prima griega sola es Y
y acompañada suena yo?
¿Será que el yayo está lleno y es bello
y el Lolo además de mellado es un lelo?
¡No le encuentro la sal a tanta sopa de letras!
Soy el melao de caña en sangre,
Soy la furtiva olor que se te escapa,
El alocado niño de sombras
Que de sombra a sombra se marcha.
Soy el “huye” del agua
Cuando tiran de la cadena.
Soy lo que tú quieras que sea,
Soy el apaleado de la pelea.
El que aguanta tus mareas bajas,
El que baja por que se marea.
Soy la voz de tu antojo,
El que luego a la noche te vela,
El que camina como un cojo
Tus rincones de negra tiniebla.
El paseíllo de tus correrías
que no se asombra de tu manera,
pues aprende el solito,
y ve que es comparando quién era.
Y compara y comparará
y sale por petenera. En duermevela.
El niño de tu patata
Tiene tetas, tiene tetas.
Será que lleva el alba
Entre sus piernas, entre las piernas,
Y se desnuda cuando
Viene ella, viene tierna.
Y sueña con su consuelo
Luna arriba, noche quieta,
Y beso por que te quiero
Niña fina, mujer bella.
De suspiro a suspiro
al verso a verso.
Del poema lírico
Al teléfono.
Del olvido
Al recuerdo.

Por Cecilio Olivero Muñoz


BATALLA CAMPAL


Batalla campal. Escuché la expresión para definir lo que había sucedido aquella noche y pensé en lo absurdo de la misma: nada más lejos de un campo ese sinfín de calles del Casco Viejo, ni un árbol había, ni una flor más allá de las escasas macetas en los balcones. En cambio batalla sí que era exacto. Durante horas se habían dado choques entre policías y manifestantes, primero como escarceos o rifirrafes, después ya como enfrentamientos directos. Desde la misma calle y luego desde la ventana del piso vi las balaceras de la policía, balas de goma, decían, y botes de humo y persecuciones con porras en ristre, mientras que la otra parte, los manifestantes, obreros o estudiantes, no lo sabía a ciencia cierta, tantas eran ya las manifestaciones en aquellos días, respondieron con piedras, palos, ladrillos y otros objetos, irreconocibles por la velocidad o la distancia con que se lanzaban contra los policías acompañados por gritos, insultos sin duda, pocas consignas a medida que pasaba el tiempo.
A la mañana siguiente, cuando bajé a la calle, el paisaje era desolador (vaya adjetivo tan tópico, pero qué quieren, uno es hijo de su tiempo): escaparates rotos, restos de barricadas, algunas con huellas evidentes de haber estado ardiendo, y una tremenda soledad y un silencio que se imponía con fuerza, la poca gente que cruzaba el barrio hablaba entre sí en susurros, como si no quisieran quebrar esa paz que, dicen, sigue a la batalla (campal o callejera, tanto da) y escuché lamentos, siempre estamos igual, quejas, es que la policía actuó con desmesura, lamentaciones, no saben negociar.
Aquel había sido el barrio de mi niñez. Pero hacía mucho tiempo que me había marchado, del barrio y de la ciudad, y nada me ataba a él. Mantenía un piso heredado, tal vez por una nostalgia que durante mucho tiempo no había sentido, pero que desde dos años atrás comenzaba a notar. La edad, imagino. Llevaba de vuelta dos meses ya, algo infrecuente, a los dos días en la ciudad me entraban ganas de marcharme, dejar aquellas calles para evitar recordar demasiadas cosas de mí mismo.
Los rostros de la gente con que me cruzaba no me resultaban reconocibles. Seguramente, si me esforzaba, los recordaría, habría hablado con ellos más de una vez y ellos, de comentárselo, sabrían quien era yo, el hijo de Carlota, los más viejos del lugar aún hablarían de ella, pero prefería ser un visitante que conocía bien el barrio pero que le era ajeno. La ciudad había crecido lo bastante y ya había mucha gente de paso como para que nadie se sorprendiera de mi presencia, un extraño, en las calles. Me acerqué a un corrillo. Todo es un desastre, decía una mujer y no sé si recriminaba algo a alguno de los bandos o simplemente era un balance general. Guardaron silencio. Miré el rincón, un cruce entre tres calles, y recordé que allí, años atrás, me enamoré. Dudé, no obstante, que aquel amor existiera realmente, el tiempo lo diluye todo. Por uno de las calles se llegaba a un café que se mantenía abierto más de un siglo y donde en aquel tiempo me pasaba horas leyendo y, sin duda, en alguna de las mesas, comencé a escribir algún cuento o un poema, sin duda malo. Entonces no sabía qué iba a ser en mi vida y me dio miedo encontrarme, como en el relato de Borges, conmigo mismo con demasiados lustros de diferencia.
Dejé el corrillo y seguí andando sin rumbo. Llegué al río. Al otro lado había otras calles, otro estilo, otro barrio. Me apoyé en la barandilla y contemplé las aguas que avanzaban pausadamente. Recordé que nunca te puedes bañar en las mismas aguas dos veces y que aquellas desembocaban en el mar, que es la muerte. No quise ponerme meditabundo, así que seguí andando. Las huellas del choque nocturno estaban presentes en casi todos los rincones que contemplaba. No había sido un sueño, me dije, nada lo había sido. A veces uno contempla por la noche aquello que uno no llega a sentir del todo, eso de lo que no se es consciente. Eso decían al menos, pero no era mi caso, al menos en lo que a los enfrentamientos se refería.
Me inundó no poca tristeza. Era el síntoma, sin duda. Tenía que marchar de nuevo. No podía quedarme más tiempo. Me adentré de nuevo por callejas estrechas y un niño saltaba una barricada, ajeno a su significado, a los hechos ocurridos, a la violencia desatada, como un mero y simple juego.


Juan A. Herrero Díez


ORUGA DE ALGODÓN
(Continuación de alfabético diabético)

Quiero beberme la ciudad de un trago,
Y luego después, mearla en el charco
De la alegría soñada.
Quiero polinizar a la flor,
Poetizar el aire, estremecer
Al cántaro y absorber el adiós,
Cuando te vas. Adonde no sé yo.
Quiero ser roca, también dedal
Y comerme los guijarros
De tu pasión de claridad.
Quiero pedir permiso
Tan solo por mirar.
Quiero ser tu monaguillo
En la eucaristía
De tu cristiandad.
Y volar y volando cerca
De la yegua amarrada
A un portal.
El latido de tu patata,
La risa del despertar
Y el que asusta tu caminar
Cuando vas del huerto
Al corral.
El porro y la porra,
El olmo y la alma,
El gorrón y la gorra,
El faro y la farra.
El polo y la polea,
El gorrión que revolea,
La alondra que sisea
Y el mar que se menea.
El pollo y la poya
El whisky que marea,
El hoyo y la olla,
El jazmín que ronronea.
¡La canción criolla!
Me sale por peteneras
Y un millón de bulerías
Fueron tristes habaneras.
Quiero cantar mi canción
La de mis 16 primaveras.
Me saluda un loco acordeón
Que sueña susurros de estrellas.
Quiero cantar y cantar
Tonos de mil quimeras
Y estampar el color
Gris aquel de mi tierra.


Por Cecilio Olivero Muñoz



EL DON DEL JUBILADO

Me suben las hormigas
por los pies,
pierdo el tiempo
sentado en el water,
nunca pensé presentarme
al club de los pusilánimes.
Los frutos del amor
son un beso sediento.
No venderé por
Setecientos y ¡¿cuantos?!
La bicicleta que cambié
A un esclavo.
Ósea, no creo
Ni por un centavo
Hacer leña del árbol
Quemado.
Ya que, me enrolé
en la mar,
no sé en que momento
ni cuando,
pero sé a lo seguro
que mi corazón
se marchó,
no por un rato,
sino por las veinticuatro
horas del día
los trescientos sesenta y cinco
días del año.

Por Cecilio Olivero Muñoz



PELECANUS

Una mujer entra en mi casa. Camina con pesadez, formando tras de sí un camino de arena, vestíbulo de baldosas amarillas. Se sienta frente a mi escritorio. El contacto con el respaldo de la silla transforma a la mujer en una catarata: de sus brazos, de sus piernas, mana el agua con olor a estancado, quién sabe si venida de la orilla del mar. Mi espía: uñas como lunas menguantes, quiero saber qué estás buscando en mí. Durante un rato observo sus rasgos conocidos, juego a trasladarlos a mí misma, me fijo en su vestido blanco manchado de rojo a la altura del pecho. Golpe. Sé lo que buscas en mí. Y ella responde: soy el pelícano, te beberás mi sangre, te comerás mi carne cuando no tengas nada.

Por Elena Medel



OROTINA

Aquí, en este bello Cantón, donde el calor abunda y cada año en la feria tradicional el aroma de las frutas se mezcla con el sonido del viento en los árboles cercanos a este evento.

Aquí es donde nació el amor…
Donde nace la fruta, la buena fruta, con el silbido del tren, las miradas se cruzan como se cruzaron las nuestras hace tiempo, ¡¿recuerdas?!…y los recuerdos adornan la estación, brilla una luz en el corazón.

Aquí es donde vive mi amigo don Gardelio Arce León es su nombre, respetable señor, dueño de una historia viviente en el ferrocarril.

Sonríe el Sol abrasador y sudan los recuerdos y las lágrimas que no existieron porque se ahogo el sufrimiento, entonces me miro años atrás recostado a un árbol mientras estudiaba y soñaba a orillas de aquel lago donde escribí mis primeros versos.

Sólo el paisaje de aquel embalse fue testigo de mi sentimiento…, pregunté al reflejo de sus aguas si un día serías mía y me respondió con la quietud del silencio.


Esperando hacer realidad mis sueños fueron cayendo los años uno a uno, como caen las hojas en el verano. Y seguí esperando y buscando aquel amor que estaba en el aire, aquel amor verdadero que vive por siempre…

Que grande es el amor que se envuelve en una melodía para dos, ese amor es el mismo que María olvidó y desde entonces como una rama seca es mi corazón.

Luis Alberto Chinchilla Elizondo
Grecia, Alajuela, Costa Rica
Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

1er premio en el 1er concurso de poesía
de la Revista Cultural “Espíritu Literario”.


ZAFIROS DE AZUFRE

Se filtra la locura luminosa como un torrente seductor, por el absurdo ego de mis mal nacidas venas. Las sensaciones infinitas del humo del fuego, nos amalgaman como caballos de azufre. Las miradas profundas incitan a un roce loco a nuestras pieles. No sé si quieres, lo que yo deseo. Estoy cansado de vivir exiliado en el olvido como una de tantas estrellas solitarias, que conviven a tres millones de años luz del amor. ¿Serás tú la cálida aurora, que anhelé para mi otoño? Deja que los jinetes de mi corazón se inspiren, con el embrujo de los deseos de nuestras pieles tibias. Deseo amarte con bravura loca y sin la más mínima mezquindad. Nuestros cuerpos se sumergen en unas policromías cóncavas de sombras y profanas palabras… deliciosamente obscenas. Sé que estás devorando todos mis besos. Mis sentidos bailan al ritmo de tu pudor desbocado y te deseo con todo el aliento, de las entrañas de mi interior. Necesito habitar tu intimidad, para reencontrarme con la vida y confiarle mi corazón al latir, de tu entrelazado camino. Me siento como un pirómano de corazones enamorados, como un Cristo cuando resucitaba corazones y sentimientos muertos o como un aborigen capaz de hacer fuego con sus propias manos.

Los sábados nos reunimos para celebrar en intimidad, el ritual del holocausto en el mismo sitio. El pollo, las papas saladas, el ron y tres litros de Coca-cola. El destino nos ha citado primero mes tras mes, luego año tras año. Los amantes alucinamos o perdemos la noción del tiempo, cuando habitamos la boca del azufre del otoño. Quiero que seas mía hasta siempre, así sea por un átomo de la eternidad. Quiero imaginarme preso por tus grilleteras piernas, besar tus hermosos pies y todo tu cuerpo como un complaciente eunuco, para que puedas ensoñar con magia y sin miedo, durante las locuras de tus desaforados orgasmos. Quiero que seas mía, hasta que sientas estallar estrellas entre tus vísceras y revolotear mariposas dentro de tu estómago, mientras te deslizo una sinfonía de besos improvisados o sin libreto. No soy un mago para hacer milagros con las manos de las palabras, pero si deseo deslumbrarte y desnudarte con el ritual del fuego y del azufre, para que sanen nuestras mutilaciones y vuelvan a conocer el insomnio, nuestros sexos. Vibra con la sabiduría violenta de las jóvenes o como las palabras cuando resucitan y derrotan al miedo. Quiero hacerme indivisible y abrazarme a las espinas, para saborear con regusto el alba de tu rosa. Deseo fruncirme con una joven para dibujar con la fatiga, sombras abrazadas sobre el espejo. Que su mutismo se embriague con la pulpa del glande o con el jugo de la sabiduría melosa.

Revueltos mis sueños por el viento, se arrastran como un cuerpo asediado por miradas llenas con deseos impuros. Busco palabras para salvar mi alma, mientras mi cuerpo se pudre insepulto. El pudor de tu carne no es más que un amoroso aullido del deseo. Mi carne desértica se secó de tanto aguardar desnuda y oreándose en el invierno. Siento hipotermia en todos mis miembros ¡hasta mi verga ha dejado de latir! La serpiente virginal de la violencia, se ruboriza al ver como las palabras le aplastan cual uvas, la cabeza murte a las víboras que se declaran enemigas de la sociedad. Dentro de mi mente se oculta el celaje de los susurros de las entrañas. Mi cuerpo es una tumba de recuerdos devorados por una tristeza infinita.

Quiero que me seduzca la belleza de tus pechos y vivir el galope desbocado de tus caderas, arrancándole uno a uno los zafiros al azufre de las estrellas. No deseo que el pudor me prive del placer lujurioso de saciar mi sed, entre la madreselva coralina del mar. No he enloquecido, simplemente aluno por tus cabellos perfumados, rizados con el splash del deseo y con la magia salvaje de las sílabas, cuando copulamos con el instinto animal, excitado por el carnaval de las feromonas. Cuando me desnudo y camino hacia la bruma, el silencio centenario de los árboles, la mirada de los desconcertados pájaros mientras que penetran rayos de luz, cual saetas mensajeras de un cielo que imagino o de ese paraíso invisible, que aguarda por nuestras almas. Te convido a caminar desnuda conmigo sobre el musgo y una colcha de hojas caídas. Me fascina la sobriedad y la dignidad de los árboles; la insensibilidad de sus pieles, su indiferencia con las caricias del viento y las lágrimas ardientes del rocío.

En el esplendor del Apocalipsis, te mordisqueo el lóbulo, tus comisuras y el cuello con desespero ¡hasta te fastidio con un beso al oído, pero que ha hecho derretir a otras amantes! Me abrazo con desespero a tus carnes, como esos náufragos que saben que entre la vida y la muerte, solo existe un poquito de benevolencia o morbosa maldad de Dios. Soy el volcán imaginativo del néctar de tus lágrimas. No sé si el océano sea cómplice o si en verdad intenta aplacar los gritos de las llamaradas que me devoran. ¡Soy como un mar de arenas blancas por explorar! Soy un corsario sediento de perlas, de desembarcar en islas vírgenes o anhelo el clítoris de una princesa, para unirme para siempre en la capilla del mar. Son negras mis intenciones como el color de mis pecados, como la sangre de nuestra historia o las finalidades de nuestros ancestros. Amo el color negro de mi alma, esculpida como la belleza de las mujeres patinadas de ébano. Solo nos conocen bien los ángeles y los demonios. Saben quienes somos y qué les pertenece. Creo que conoces todos mis pecados y tienes una idea muy cierta, de las fantasías que deseo hacer realidad. Busco el límite de la indetenible quietud del fuego, revoloteando como un pájaro o un arcángel. El aroma del deseo, me hace sufrir más que ésta inadmisible e ilógica soledad. No deseo deforestar tu piel, para saciar un capricho. Me encanta verte y sentirte como una amazonía virgen, cubierta por sensibles y delicadas fibras, ónix como el color de los ojos de tus desdichas. Eres de las amantes que aman intensamente en el silencio, como si te hubieses tapiado dentro de un diabólico convento. Hay personas sensorialmente tan absurdas, que son como una sonda anal. El suicidio ayer pudo ser un oasis, un intento por escapar imaginando alas o puertas abiertas. Ahora la vida me sonríe cínicamente por conservar una apariencia digna. Agradécele a la histerectomía ¡el sexo libre!

Quiero que me quites la ropa para amarnos de pies y de rodillas; sentados, acostados así o asa, como las putas o las amantes experimentadas, que jamás olvidan los corazones vagabundos. Amémonos al borde de la cama, sobre el piso, en la cocina, en el baño o en la terraza; pero ámame que te deseo sentir dentro… muy profundo… adentro como un tren introduciéndose en un túnel infinito con sensaciones novedosas. Una mujer desnuda como tú, me alucina como la enigmática muerte que se levanta invisible todos los días y nos aguarda, cual mastín esperando una recompensa. Quiero sentir el fuego de la mirada triste de tus labios secos, de esas manos cansadas, como tus cabellos sin el brillo de la alegría. Tu belleza sólo se puede contemplar en contraluz y en tonos negros, ocres o grises. Tus besos me saben a fresa y a jugo de uvas la saliva. Mi corazón lame el sudor de tu intimidad, mientras nos abrazamos desnudos como dos esperanzas colapsadas, en un intento de rescate casi imposible. Las caricias se deslizan como un río hacia tu pubis, mientras la alocada luciérnaga galopa con curiosidad, alrededor de la luz de tu clítoris. Quiero ser el néctar y el sabor de tus palabras de amor. Deseo que mis labios rubicundos encuentren en tus pezones erectos, la asfixia para los gritos de los deseos y los alaridos esquizoides de algunos sueños. Después de un lascivo buen preludio con besos incendiarios, es imposible huir del pecado o que pase desapercibida la incursión clandestina, por las zonas erógenas de nuestras caricias y besos.

No me mires comiendo como un perro hambriento. No me pierdas de vista como a un niño triste, que madura a la intemperie. Cierra los ojos y erízate con la caricia que imaginas en tu sexo, que te hace frágil como el agua que bebe el desierto. Te anudas como una mujer serpiente, mientras me exprimes hasta la última gota, para enseguida besarme y hacerme creer, que también eres capaz de arrancarme un pedazo de alma. Tus piernas como anillos de fuego, me esposan a la lengua sedienta del ardiente cepo. Tus besos son manzanas venenosas, que comparten la locura del festín infértil. Tu boca se devora el placer de mis labios, mientras murmuro con encantador goce palabras soeces, que ablandan tus piernas y hacen vibrar con ardor a tu vientre. Intento descifrar a todos los deseos de tu cuerpo. La pequeña muerte te hace vivir en unos segundos, una eternidad fugaz de placer. Deja que tu vientre se menee como las hojas otoñales que imagina un hongo en el verano. No soy un caracol, ni mis sentimientos una absurda llamarada. Mi corazón es una fantasía inimaginable de colores, una paleta de sentimientos que se estrellan contra la realidad de los absurdos. Mi lengua se sumerge dentro de tu garganta, como un tiburón rebuscando peces escondidos entre filosos corales. El amor es la furia incontrolada de los monzones o de esos huracanes que se ensañan, con la belleza de algunas nalgas; rubicundas como los alaridos de placer que traspasan cual aullidos las paredes y los pasillos hoteleros. Traspasamos la línea imaginaria que separaba a la locura de la cordura. La dulzura pura de las caricias, seducen con suavidad la carne hacia el sacrificio. Nuestros ojos se encandilan con las sombras y las líneas de nuestras lascivas desnudeces, entregadas al desaforado gozo extremo.

El delirio embriaga a nuestros cuerpos, con el ritual de su desesperada danza y la triste música de los recuerdos. Siento la voz de las estrellas que brotan de tus caricias, mientras mi alma se expande y abres poco a poco las piernas, para sentirme como latidos del mar dentro de tu cuerpo. Tu sexo sumiso a las caricias, me permite socavar con besos la gruta, hasta sentir a las melodías de tus sensaciones húmedas como gritos de placer o el gemido triste de una esperanza acongojada. El erotismo en la intimidad bulle como la poesía natural de la sangre, como esos versos que se encadenan, a los sonidos de la luz de los sentimientos. El miedo cómico del lenguaje de la vida, purifica el canto mudo de los pájaros, cuando sienten encadenados sus sueños al celo abstracto del verdugo. Estoy hastiado que llames rosa, a tu vaginita. Déjame llamar: cuquita, a tu consentida vulvita y fuego o mar en llamas, a tus labios vaginales. Quiero ser la tormenta que se devore el stress y el cansancio de tu intimidad, para manosear con besos, todos los espacios y laberintos de tu geografía.

Los movimientos voluptuosos de tu carne son exquisitos; me encabritan, me enloquecen como cuando me dijiste que alcanzaste a tocar la punta de una estrella del cielo. Controlo tus flujos y reflujos, para que el placer no desaparezca, ni se rompan los cristales del hechizo. El sexo es un arte que hay que controlar, aferrados a los cabellos y a las paredes del torso, cual jinete de rodeo. En el valle de tu pelvis, mis labios incendiarios rebuscan con desespero tu clítoris. Mi lengua se refresca con el sabor del amor, mientras te excito con el rumor suave de las imaginaciones de mi pérfido tacto. Deja que tu cuerpo dance al ritmo de las melodías que insinúe, la desnuda batuta del placer; interpreta las partituras sin intermitencias, hasta que brote espuma de los ijares de tu sexo, como cuando un caballo regresa exhausto rebuscando las melodías del sosiego, en su pesebrera. Contemplo nuestras siluetas, sobre el espejo. Tu culo rebusca placeres, como la curiosidad diabólica de las murtes en el infierno. Mi furia incontrolada, intenta abrir las esfínteres compuertas, controladas por el miedo a las penetrantes quemas. Siento enloquecido tu sexo y te tomo por las nalgas, como a una dama amante de la alegre vida. Te arqueas y te contorneas, para que te penetre como una espada torera hasta la empuñadura, en el hoyo de las agujas. El erecto obelisco es poco piadoso con los gemidos del amor-gozo, cuando persigue al clímax con latidos desbocados, rotundamente persistentes e impiadosos; solo se detendrán hasta estallar como una espora de ilusiones regadas cual semillas sobre el cuerpo. Sé que solo me puedo apaciguar, si me ayudas a eyacular una vez más. Soy como un huracán cuando encuentra el sosiego, adentrándose dentro de la carne continental. Recuesta tu cabeza sobre mi sexo, mientras te espulgo la respiración de los mórbidos pensamientos. Quiero sentir tus besos y tu respiración, insinuándole un desliz a mi vientre. Déjame soñar que eres mía, porque te alejas como cuando se suelta un bote de sus amarras y se lo devora la voluntad de las corrientes invisibles. Siento como se derrama dentro de tus entrañas, el sudor de la lava cuando la vida erupciona, como un preñado vientre maduro. Tu boca se rebosa con la saliva seminal y con las lágrimas de los recuerdos enardecidos, como los estertores de una tormenta de fuego. Entre las murtes flemas nauseabundas, vago desencantado sobre la cuerda de la vida, al observar la indolencia de la justicia y el silencio del castigo. Sé que sus cuellos conocerán el poder de las palabras, porque la ley del taliòn es infalible.

Soy un brebaje de sudor y fuego. El cancerbero de tus ritos escondidos, donde el éxtasis es un universo de irreverencias y el magnetismo nos esclaviza, mientras nuestras ingles comparten sus melancolías. Me he metido dentro de algunas palabras, para descifrar versos congruentes. Derrotaré con palabras a la ironía de los mal nacidos, que se alimentan con la sangre de los sueños, cual vampiros. Denunciare una y otra vez, con el grito de las páginas en blanco. Como el círculo vicioso de un caracol de fuego, evoluciono en espiral hacia un plano superior, para observar desde otro ángulo a la vida. Soy el fuego que te fecunda, con el permiso de tu demencial lujuria. Nos deshacemos en desbordadas caricias cual bestias en celo y nos apareamos como perros, gatos, monos, elefantes, tigres o rinocerontes. Conozco las melodías de los velos de tu cuerpo; el lenguaje de tu piel trémula y la puerta secreta que me conduce, hasta la estalactita dorada de la gruta.

Tu sexo es la guarida perfecta, para la hambruna de la tristeza de mi cuerpo. Deliro cuando siento, como el semen se esparce entre tu vagina y tu vulva respira asfixiada, por el calor de la fiesta. Acaricio tu caverna humedecida, la horado una y otra vez hasta la oquedad; hasta dejarte agotada y somnolienta como una ninfa después de nadar, durante varias horas el azul de las nubes de su mar. Empalo los gemidos lujuriosos de tu ansioso culo, mientras intento esfumar tus temores con sutiles mentiras piadosas. Me siento como un padrote sobre tus espaldas, mientras muerdo con cariño tu cuello. Eres la metáfora más hermosa, de la lágrima de un beso. Mi insomne cuerpo ha esperado desde siempre, la llegada del lejano eco de tus pasos. Después de tantos años de espera: ¡Sé que eres tu!, y te ofreceré mi cuerpo por nido. Quiero conocerte por dentro y por fuera. Eres una incógnita de placeres y sueños cálidos. Solo tus caricias pueden calmar esta locura de hombre alunado, por el aroma de la piel... por el regusto enamorado de los besos.

Irónicamente veo florecer mis sueños, con los colores arrebolerados de ese otoño, que a paso lento se acerca. El pudor solo es cuestión de actitud frente al sexo. El sexo sentido de las felinas horas, nos embarca en una profana y demencial aventura. La muerte delira y triunfa en cada orgasmo, ¡sueño del canto del trueno! Siento la ausencia del rostro amado y me hieren las sonrisas obscenas, de esas imágenes sobre el espejo. Tus caricias pérfidas, ahorcan la nostalgia del manjar íntimo. Tu cuerpo ha desabrochado mi alma, como el orfebre que desteje con besos, a la voluntad que se desvanece sin sentido. Mi sangre fría es caliente, como el verano del invierno que vivo. Es un río de lava de hielo. Sé que nunca podré definirles el amor y si lo supiera, tampoco lo diría y vendería su fórmula, cual elixir de la felicidad o de la juventud eterna. No me ames como una mantis copuladora, ya que me siento bien con esta cabeza. Sé que el cerebro de la ostra es más pequeño que sus ojos, pero eres muy inteligente.

Confío en el silencio de los fantasmas peregrinos. Me asusta el dominio de las alegrías reemplazadas. Domino mis pasos para conquistar lo que quiebra mi morbosidad; si es que así se puede denominar, a la voluntad del alma cuando te desnuda la mirada. Escucha el canto y los silencios, de los gritos de los labios de mi poesía. Déjame amarte, simplemente: ¡Déjame amarte! Deseo que me ames con morbosa pasión, para que florezca la hembra que te habita bajo la piel. Añoro tu erotismo ardiente, cuando me cabalgabas como una hembra jinetera, corriendo su gran derby. Desnuda como la prisa de las manecillas del viento, desembocas cual lava sobre las sábanas destendidas como una sabana playera, por los besos del agua que te penetra, como la creciente de un río. Puedes hacerlo cuando sientas deseos de mí y me sea imposible, estar a tu lado. Hazlo como cuando nos acariciamos o simplemente, como cuando deseas que lo haga en tu boca; hazlo como aprendiste a hacerlo en el convento o como lo hacías con tus amiguitas, cuando jugaban a hacer: cositas locas. Hazlo.

Hay amores parafìlicos que asfixian con sus obsesivas aberraciones que se excitan como hormigas con personas amputadas, con sensaciones asesinas, con personas muy mayores o con sexo en lugares públicos; a veces me extraña la narratofilia de algunos textos, que se limitan casi a la olfatofilia de las partes erógenas de sus amantes virtuales o fantásticos; es absurdo el castigo o la lluvia dorada de la urofilia… somos animales bastante extraños y lo malo es que aún no se distingue el limite entre lo sensual, lo erótico y lo vulgar o pornográfico. Sé que las heridas del amor queman, más que la tristeza cuando nos coloca sobre las brasas de algunos recuerdos. Me amamanto como una fiera encadenada, a la sed de un pozo seco; alucino como los náufragos por saborear las lágrimas del mar. Desvarío como una llama mordida por los labios de los besos. No justifiques la distancia que tomas; simplemente di que tu alma peregrina, presiente que ya es hora de emigrar hacia otro nido. ¡Ay de mí! Este es el precio que al final pagamos los amantes, por encapricharnos con un amor peregrino. ¿Para qué le regalan flores a los muertos, cuando ya no las ven? ¿Acaso no murieron algunos de tristeza y olvido? ¿Acaso no vale más un perro vivo, que un mocosito fruto de la marginalidad? El frío de los muertos expresa un absurdo adiós. Me siento deshilachado como una rama rota, como la legaña de un sollozo que me quema por dentro y me devora con su ácido; como basura atrapada en el tiempo, sin poderme desprender del olor de lo enmohecido.

¡Quiero observarte como Verduga de sí misma! ¡Mastúrbate! Deja que el demonio manipule tus manos ¡Vive todas las estaciones, en un fugaz instante! Déjame poetizar la demencia de la locura… no pares… hasta que logre atrapar a una imagen. Cuando no encuentro algunos versos, recurro a tu sexo o a tu piel, para encontrar el retrato del ícono y que nazca el poema con la pasión de un grito. Son tus impúdicos besos los que ponen toda mi geografía a merced de tu seductora y devastadora voluntad. La metamorfosis transforma el rizado de la piel, en ramas rotas por las caricias de arrabal. Amo los caracoles que armó tu pelo, esos cabellos con voz de mujer madura, de hembra de verano, sin corazón de nieve. ¡Basta de silencios! ¡Grita! ¡Escúpenos! ¡Dime alguna grosería! Pero dime algo… regálame una señal que estas viva, que hay fuego y deseos entre tu cuerpo… no me abandones dentro de esta absurda tumba… ¡Grita o respira! No me desprecies como esos labios que me niegan sus besos o esos cuerpos que se sentirían sucios, si los amara. Quiero acariciarte como un rayo de luz, para no sentir que me pudro a pedazos. Déjame arrancarte esas absurdas sombras, que cubren el pudor de tu belleza. Gocemos como vivos del placer del pecado. No me abandones como un cadáver, para que se lo devore el fuego y después el olvido.

Es insoportable el necio soplo amargo de la locura de la ignorancia, que inicia mi lenta agonía con sus necias letanías ¡Jamás entenderás lo que es convivir, con la bipolaridad de un poeta! Soy más mortal que mi cuerpo; a veces me comporto como una bestia o soy absurdo o insensible. Se que no soy el hombre de tu vida y estoy seguro que tampoco podría convivir contigo. Es la lujuria de nuestros cuerpos y de nuestras almas, la que nos cita a ciegas y en circunstancias absurdas. La entrega sigue la misma rutina y sin embargo, siento que el ritual es diferente en cada ocasión. Los suspiros y las emociones, las caricias en los genitales, los besos y esos mimos impudorosos que me hacen alcanzar una ardiente erección. Siento tu agonía por los gritos desesperados, de la corola de la rosa. Sé que tengo que ser fuerte, para no ceder a la realidad irremediable. Somos dos mundos, rebuscando un destino diferente. Siento frío el nido, de la música existencialista con fondo gregoriano. Me cansé de luchar como un cruzado solitario, contra las ratas murtes de los Andes. Caro es el precio que se paga, por confiar en la vida y en las putas. Caro es el precio de las putas, de las monas y las adivinas. Caro es el valor de las cuentas, que nos pasan los errores cuando no reflexionamos ni nos fijamos en el color de las personas, que esquivan la mirada sin vergüenza.

Confieso que me entristece sentir como se apaga el fulgor al amanecer, como se distancian nuestras pieles y nuestros mundos. Compartimos como dos extraños, el mismo espacio de humores y tedios. Aún escucho gemidos entre las humeantes ruinas. Se tildará de traidor, a quién publique estos horrorosos versos. Quemamos como perros a los niños, que lloraban de hambre en la oscuridad. Te embaracé una y otra vez, pero no dejamos parir ni una flor de la crisálida. Me siento como una ilógica intersección en tu vida. Hay amargura en la música de mis versos. Me siento vacío como un vaso roto. Ya no me desvelo ni ruego oportunidades, con plegarias inútiles. Te veo desnuda abrazada a mi destino, observando con tristeza lo que pudo ser. Solo te pedí un poco de paciencia, pero una vida era demasiado tiempo. Sé que te tengo que dejar marchar. Sé que añoraré tu cuerpo y las locuras de esos días y de aquellas noches. Ahora todos mis recuerdos serán desencantos y tristezas, que no se marcharán ni siquiera con un histérico llanto. Ahora que no te tengo, te siento más perdida que siempre. El río me robó los sueños y dicen, que tus ojos me ven como a un enemigo. La alquimia del amor es fugaz, cuando regresas a la realidad con preguntas necias y ofensivas. Sé que el amanecer nos aleja y deseo que nunca amaneciera. Es inimaginable que tus celos cojan a patadas a la felicidad en verde.

¡Hay imágenes que no deseo olvidar jamás! cual límpidos versos amorosos, que nacen en la sucia intimidad. Me desespera que las palabras, no me permitan escapar de este diabólico pozo. Sin amor, el desasosiego es infranqueable. Me siento herido como un árbol por el hacha, pero me seduce el sueño de la muerte. Las tentaciones de los dientes de acero, se enroscan cual pájaros tártaros a los nombres asesinados o a esos cadáveres y osamentas, que se amontonan en las fosas comunes. Galopa una bandera blanca como una bestia, sobre las olas del mar de mierda, que no es más que un océano de arenas frías como corales o esponjas, que nos absorben la sangre cual murtes mandrágoras. Deseo que sientas desgarrada tu carne, por las palabras suaves que gritan ansiosas, desde que comienza el ritual seductor de la amorosa crucifixión. Nunca podré recordarte como algo pueril, cuando regrese por las aguas de los polvorientos recuerdos a encontrarme contigo, dentro de las paginas de un libro. Desde ahora te extraño y disfrazo mi tristeza. Tu recuerdo es hoy una blanca estela que se desdibuja, mientras el tiempo fluye sin mirar hacia atrás… es la indolencia del tiempo… es la inutilidad del tiempo… es el tiempo permisivo y que persevera a los momentos oscuros de nuestra historia… He cincelado una espada de humo, para desarraigar el hedor murte de lo carroñero; para que no se respire más la sangre coagulada, de la menstruación sibila de la vida. La hoz roja de la cínica Gorgona murte, enjuiciada en secreto por el repudio del antagonismo a lo indigno. Sé que su calma enmudecerá cuando la persiga la conciencia, como a las rameras que creen que quemando sus diarios del pasado, serán dignas mariaeugenias como las cuervas. Confieso que el futuro se encargará de volver transparente a todo lo que se intente ocultar entre lo oscuro mundano.

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com
2009-02-17





CASI NADA ES APENAS NADA

In memoriam, José Muñoz Ramos, mi abuelo.


Un niño que apenas era nada
Se casó con una puta casi sin saberlo,
Y casi sin esperarlo, se tragó un bicho
Y apenas nada duró vivo,
Casi y sin esperarlo se fue un día para
No volver hacia casi nada de lo corriente.
Entonces fue cuando una mujer viva
Casi lo mata al cruzar la calzada y a él
Le faltó apenas nada para perder la vida.
Sabiendo lo duro que es conducir sin casi
Nada de luces delanteras que apenas duran.
Cuando nació no era casi nada y ahora
Míralo con casi nada de vida que vivir
Y lo ves ahora sin apenas alegría.
Qué es nada y seguir buceando.
Y ahora piensa tú que la vida
No dura casi nada y vamos a trancas y barrancas
Sin disfrutar apenas nada de la nada.


Por Cecilio Olivero Muñoz

viernes 20 de marzo de 2009

1er Especial de la Revista Literaria Nevando en la Guinea

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sábado 7 de marzo de 2009

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA

EDITORIAL XXIX
Lenguas, comunidades y pluralidad

De nueva ha saltado en España las polémicas respecto a la convivencia de las lenguas habladas en su territorio a raíz de dos hechos: por un lado las elecciones en dos Comunidades Autónomas con lengua propia, Galicia y País Vasco, con algunos incidentes relativos a los derechos lingüísticos, y por el otro un proyecto normativo del Gobierno Catalán que obligará en Cataluña a porcentajes en el doblaje y subtitulado de las películas proyectadas en la Comunidad. España no es el único país en el que se hablan varias lenguas y en el que, por tanto, se da una polémica respecto al uso de ellas en un mismo territorio o un Estado. De hecho, hay muy pocos países en el mundo cuya población sea realmente monolingüe. Y aunque con frecuencia se alude a un discurso de igualdad y respeto entre hablantes de distintas lenguas en un mismo territorio, la realidad se obstina en demostrarnos que no es fácil resolver problemas.

Porque el tema de las lenguas no se resuelve nunca a golpe de ley. Las realidades sociales acostumbran a ser más complejas y no valen las soluciones simplistas que por lo general no solucionan nada, más bien al contrario. Es verdad, como afirman los defensores de los idiomas llamados minoritarios, que algunas lenguas se han impuesto con frecuencia a la fuerza, compañeras de imperios y tendentes, dentro de sus fronteras, a homogenizar poblaciones. Es sin duda el caso del inglés, el castellano o el francés, expandidos por el mundo e impuestos dentro de sus fronteras. Pero también lo es, por ejemplo en el caso español, que aquellas comunidades con idioma propio poseen una potente cultura en lengua castellana que es, al fin y al cabo, lengua propia de buena parte de su población. No hay más que repasar la historia de la literatura española para darse cuenta de ello y la rumba sería buena prueba de lo que hablamos.

En América Latina la presencia de otros idiomas, además del español, del inglés, del francés o del portugués, lenguas éstas oficiales, poseen otro carácter ya que los pueblos llamados nativos sufren, junto a una marginación cultural, muchas veces el más crudo racismo. Leer a Manuel Scorza, a Ciro Alegría, a José María Arguedas, a Miguel Ángel Asturias, entre otros, es asistir al testimonio de una ignominia a todas luces rechazable. Por fortuna, se incorpora al discurso político, los zapatitas mexicanos y el boliviano Evo Morales serían las expresiones más activas hoy, una reclamación de los derechos propios, por tanto derechos lingüísticos, que nosotros defendemos porque creemos que los más débiles merecen una mayor atención.

Sin embargo, somos conscientes de que una política de reposición o de igualdad entre idiomas puede causar también injusticias. No es siempre fácil imponer una cierta cordura a los problemas de la humanidad y con frecuencia asistimos a medidas que buscan más la venganza que arreglar entuertos. Es verdad que la lengua ha ido de la mano de la imposición, pero esa es la historia de la humanidad: la cultura es con frecuencia otra estructura de dominación reflejo de un sistema social basado en la división humana. No es fácil construir soluciones como las llevadas a cabo en África del Sur, donde el enfrentamiento se basaba en la más odiosa injusticia, la división racial, y se consiguió enderezar no sin dificultades.

Una solución sería despolitizar los idiomas, que las lenguas fueran vistas realmente como herramientas de comunicación, no como armas emocionales que se arrojan en beneficio de otros intereses, que las lenguas sean meros instrumentos de cultura. En este sentido, muchos países africanos nos muestran, a pesar de la imagen que nos llega, como la existencia de idiomas distintos en un mismo territorio no es causa de enfrentamiento. Hace tiempo un músico de Guinea Bissau nos contaba que en su país, con algo más de un millón de habitantes, se hablaba más de treinta lenguas y no había problemas lingüísticos, lo comparaba con lo que pasaba en España, donde con menos idiomas se daban problemas y terminaba su reflexión con una breve reflexión: «Luego dicen que nosotros somos los salvajes».


***
¡¡¡IMPORTANTE!!!
Les avisamos a los lectores, amigos y participantes de la Revista Literaria Nevando en la Guinea que a partir de este número se publicará la revista mensualmente, en vez de semanalmente que es como lo estábamos haciendo hasta ahora. Pero por motivos que se escapan de nuestros deseos, intereses y planes creativos hemos decidido la publicación mensual de la revista. Desde aquí aprovechamos para daros las gracias por vuestra fidelidad y les pedimos disculpas.


EMPEZAR

A mi sobrina, Aroa Olivero Canedo.

Respirar. Dar a luz.
Nacer para el mundo.
Fuente que va al cántaro
y rebosa de palpitares.
Agua fértil en el agua,
y calma en la lluvia.
Secreto de la humanidad,
evocando a palabras
de símbolo difuminado.
Desnudo ante los ojos
del sentimiento opaco.
Y muerto cuando rompa
a llorar la noche de laberinto.
Murmuro en silencio
y estremecida esperanza,
hacia el comienzo.
El principio ilumina
los huecos grises,
moviendo sus alas
hacia un nuevo
e injusto padecimiento.
Hecha la flor del suspiro
y el mar hecho de sal.
Dios y todos saben
que al empezar,
todo está más vivo
y se llora para advertir.

Por Cecilio Olivero Muñoz


Encuentro en París


Es verlo y darme cuenta de que podría ser español. Y militar para más señas. Su pose me resulta inconfundible, los deben de producir en serie, sin duda, me digo mientras me fijo en él con más detalle. Le delata el bigote estrecho, los ojos pequeños, un cuerpo huesudo y cuidado, aunque alejado de todo amaneramiento. Se le ve perdido. Mira el letrero con el nombre de la avenida y luego se vuelve para observar la calle que cruza el Boulevard Huysman. París no es una ciudad fácil pese a todo. Más cuando el invierno presenta su faceta más plúmbea. Falta poco para la Navidad. El mundo, no obstante, parece apacible. París es a veces, para quien vive en ella, una ciudad amable.
El viandante, aún no sé si es español, si es militar, ni siquiera si está realmente perdido, mira a su alrededor. Noto que me descubre. Avanzo hacia él. Soy la única persona que hay en esta tranquila tarde de domingo del año mil novecientos sesenta y cuatro, un año en el que, todo apunta a ello ahora que está a punto de acabar, no ha pasado nada de relevancia. Como estoy a cierta distancia, se permite observarme no sin cierto recato. Se estará planteando, me digo, si soy la persona idónea para preguntarme dónde está, en el caso de que no lo sepa, o por dónde se va a algún sitio, en el caso de que no conozca ya sea la ciudad entera ya sea ese rincón de la capital. Me reafirmo en el convencimiento y apuesto incluso conmigo mismo a que es español y militar, aunque puede que esto último no lo vaya a saber realmente porque tampoco se lo voy a preguntar de sopetón y sin venir a cuento, es usted acaso militar, tampoco están los tiempos para espetar este tipo de preguntas. Ya estoy a pocos pasos y entonces se dirige a mí en un francés bastante oxidado. Ya no cabe ninguna duda: el acento lo revela a todas luces. Las erres vibrantes, las vocales sin matizaciones, la entonación castiza aun cuando intente hablar un francés cantarín, las uves convertidas en efes, he allí las pruebas que dejan claro el acierto del primero de mis presentimientos. No sin algo de crueldad, dejo que siga en francés. Quizá sea educación: nunca cortar la palabra de una persona mayor que uno es lo que me enseñaron de pequeño. Cuando termina su frase, no sin esfuerzo aunque con notable resultado, sin duda una persona que no hablase su idioma (que es la mía) le hubiese entendido a poco que se esforzara un poquito, le digo en mi español neutro por dónde se va a su destino, que coincide en parte con el mío. ¡Coño, es español!, exclama. Entonces le digo, me sorprendo yo mismo de mi amabilidad, que iremos juntos parte del camino.
Sin duda me va venciendo la curiosidad por saber si es o no militar, el segundo de mis dos presentimientos. Reconozco que me plantea un cierto problema digamos que ético o político. Al fin y al cabo si estoy en París, es en buena medida por los militares. De los militares de ambos lados, además, porque también los que imaginábamos los nuestros nos dieron de lo lindo. Por no hablar de los militares de la guerra que siguió a la nuestra, a los que también padecí. Pero es una historia que hasta hoy, diecinueve de diciembre de mil novecientos sesenta y cuatro, he intentado que no me hiriera en lo más profundo y lo había conseguido en los últimos años, dejar de lado todo aquel periodo que tan hundido me mantuvo durante mucho tiempo.
Y en efecto, añado tras mi ofrecimiento de acompañarle un trecho del camino, soy español. La verdad es que no sé muy bien por qué lo acompaño. Lo normal, dado que soy una persona pacífica y con vocación de no abrir viejas heridas, sobre todo las mías, hubiera sido que me hubiera hecho el parisino y le hubiese indicado por donde seguir su camino. Sospecho que hay una parte de mí que optaría por ponerle a caldo, al fin y al cabo es un fascista, aunque todavía no lo sepa a todas luces, pero tengo la certeza, y si aún me irrita tener que cruzarme con algunos de los notables dirigentes del PCE por las calles de París, aún mayor es el escozor que debiera producirme encontrarme con algunos de los representantes del fascismo hispánico. Pero supongo que me dejo llevar por cierta curiosidad, malsana a todas luces. No se me ha ocurrido, pero me pregunto qué le voy a decir si me pregunta por el motivo de mi estancia en Francia.
- ¿Y qué tal tratan los franceses a los compatriotas? -se interesa. ¿Compatriotas?¿Yo soy su compatriota?¿Me trataría de compatriota si supiera que soy un enemigo de España, que así nos llaman todavía hoy en la propaganda oficial?
- Pues bien, creo, aunque no todos le dirán lo mismo.
- Ya imagino que no debe de ser fácil.
Me digo que más difícil debe de ser vivir en España. Llegan noticias, a pesar de la propaganda, la desidia de las democracias europeas, el silencio. A pesar también de mi desmotivación militante, de haberme refugiado en mis cosas, de haber querido superar el fracaso, el abatimiento. Me he enterado de huelgas y de luchas, de detenciones y muertes, de desaparecidos. Y aunque en estos últimos años se hable de una mejora sustancial, no deja de ser una dictadura, una excepción tolerada por intereses, cómo no, económicos y justificados con eso que llaman ahora la guerra fría.
- ¿De turismo? -pregunto con aparente interés, aunque lo único que me interesa de verdad es saber si acierto o no en lo que se refiere a su condición militar.
- En efecto, era una deuda con mi mujer. Ahora está en el hotel descansando. Yo tenía ganas de dar una vuelta.
- ¿Y qué tal España? -hasta yo mismo me sorprendo de mí: mi voz sigue neutra, no siento la más mínima gana de enfrentarme a él y con esa pregunta dejo la veda a que me pregunte qué porras hago en Francia.
- Bien, como nunca. Hemos superado los problemas después de la guerra. Hemos conseguido los veinticinco años de paz -no puedo dejar de atragantarme ligeramente-. Ahora se invierte mucho y estamos intentando enterrar viejos odios …
Dejo de escucharle porque su perorata me suena a propaganda. Aunque tal vez se lo crea, puede ocurrir a quien se encierra en una burbuja, y el poder no deja de ser una molesta burbuja, molesta, digo, para los que la sufren, o sea, los gobernados. Me digo que lo lógico sería en ese momento decirle que fui miliciano, revolucionario y antifascista, que no tengo ganas de seguir la guerra por las calles de París, pero tampoco me apetece que me suelte todo aquello de los veinticinco años de paz y la necesaria reconciliación de las dos España, lo que además, según he oído, coincide para colmo con lo que empiezan a decir los del pecé en público.
Pero me domina mi carácter pacífico. Ha tenido suerte, se hubiera podido encontrar con cualquier otro de los nuestros, los que siguen en el POUM, y entonces sí que hubiera sabido lo que vale un peine, sin embargo se ha encontrado conmigo y cuando termina de hablar guardo silencio, él guarda también silencio y tal vez en su fuero interno se pregunta si no seré yo un rojo refugiado. Aunque no debe de sospechar nada porque me pregunta por París, me cuenta que es su primer viaje a la capital francesa, que siempre admiró a sus escritores -resulta que el militar (porque sigo en mis treces) tiene su cultura y ha leído a Balzac, a Zola, a Maupassant, incluso a Huysman y a los hermanos Goncourt (si al final va a resultar que es profesor de literatura en algún instituto de algún pueblo perdido)- y que por fin ha pasado unos días en esa ciudad que tanto admira. Yo sigo callado y temo que me quedaré sin saber si es o no militar, me planteo incluso preguntárselo directamente, porque en la segunda bocacalle yo tiro hacia la derecha y él habrá llegado a su destino, nos separaremos y posiblemente nunca más nos volveremos a ver, seremos simplemente dos personas que se cruzaron por casualidad.
Me sigue hablando de literatura. En este momento me planteo muy en serio que me he equivocado. Llegamos al segundo cruce. Me paro y él se para. Le enseño la plaza y le digo que es lo que andaba buscando.
- Yo tiro por allá. -le digo apuntando la calle de la derecha.
- Sabe -continúa como si no hubiese entendido que aquello era una despedida-, mi padre fue profesor de francés, como Antonio Machado, aunque él, como yo, se decantó ideológicamente más por el bando de su hermano Manuel -no pude menos que aceptar que era una bonita metáfora para subrayar la España elegida, daba incluso el pego de que aquello había sido más bien una guerra de poetas-, yo heredé mi admiración por Francia, a pesar de que en mi profesión sigue sin estar bien visto.
- ¿Es usted militar, verdad? -es imposible negar que me lo ha puesto fácil, a tiro.
Nos despedimos sin necesidad de darnos la mano. Guardo una mínima actitud de distancia frente la España triunfante. Yo no soy del PCE y me lo puedo permitir. Reconozco que en otras circunstancias hubiéramos sido buenos contertulios. Pero en lo que pienso en este instante es sobre todo en mi capacidad para conocer a las personas nada más verlas. Tengo buen ojo.

Juan A. Herrero Díez


EDIFICIOS GRISES

Creo que me pertenecen sesenta metros cuadrados
de oxigeno claustrofóbico financiados por el gobierno.
Y una plaza de asiento en una sala de espera, con cafeteras
a setenta y cinco céntimos de Euro el mal trago. Y una apretada cagalera,
despega de tu trémula zancada del hospital nauseabundo
a tu apartamento gris, que recuerda un retrato antiguo.
Quiero y no puedo salir de ese edificio, también
grisáceo, que sobresale de mi herida amortajada con sueños rotos.
Pareciendo unos espantapájaros en la urbe submarina e inquisidora.
Un horizonte es para atrás, como la visión de las grúas desde
abajo. Tal cual un Don Quijote y sus molinos. Yo miro, y comparo
los desafíos que las épocas han perpetrado a los más encogidos.
De rodillas y brazos en cruz de cansancio, de derrota...
Será de tanta miseria que se respira en la atmósfera.
Desde dentro para fuera y lo que recoges lo sueltas dentro.
Y lo que sobra mira desde fuera. Y no deja de mirarte.
El pijama es una agobiante prenda que te vela la pesadilla
de ver lo que te rodea... las alcantarillas tocan a muerto,
los fumaderos de hachís son bancos destrozados y alejados de todo,
los yonkis generacionales son traicioneros de por vida,
las madres de luto son vírgenes que se quemaron antaño.
Y los mártires de la locura son ángeles marcados con puntas
de estrellas, (por que está comprobado que en ellas está su destino).
Los bares de rumba populachera donde gritan los macacos,
(la cultura allí en el purgatorio baila la soleá de la ignorancia),
los niños lloran un llanto mecánico que aprendieron del biberón seco.
Los camellos, los proxenetas, los taberneros y los prestamistas
se hacen mecenas de la muerte, hecha canción,
¡por infinita vez ya!
en este, el mío rincón.
¡De sesenta metros cuadrados de oxigeno claustrofóbico
financiados por el gobierno!


Por Cecilio Olivero Muñoz


AHOGANDO SUEÑOS

AMOR: DEJA QUE MIS SUEÑOS SE HUNDAN

EN LA PROFUNDIDAD DE LAS AGUAS.
PERMITE QUE MIS MANOS ACARICIEN

LA SOLEDAD DEL SILENCIO.
DÉJAME LLORAR LA AGONÍA DE LA VERDAD
Y MIRAR CÓMO DESTRUYES

LA VIDA DE QUIEN TANTO TE AMA.

AMOR, QUE ATORMENTA EL ALMA,

POR ESTAR LEJOS DE OLVIDO.
AMOR, QUE DUELE Y NO TIENE

CURA EN EL TIEMPO.
AMOR, QUE CAUTIVAS, SIN SABER

LAS AÑORANZAS DE UN CORAZÓN.

SÍ AMOR, TÚ QUE SIEMBRAS ILUSIONES

Y LUEGO ALZAS VUELO COMO BLANCA PALOMA.
AMOR, DEJA QUE LA MISTERIOSA

SOMBRA CUBRA MIS ESPERANZAS.
AMOR INDESCRIPTIBLE CON CORONA

DE PÉTALOS SILVESTRES SABOR A MIEL.
AMOR INOCENTE COMO LIRIO EN PRIMAVERA.
AMOR QUE INSPIRA Y ROBA SUEÑOS DE UN AMANTE.

DEJA QUE MIS SUEÑOS SE EVAPOREN

EN LA DISTANCIA Y EL TIEMPO.
AMOR, DEJA QUE MI VIDA PERMANEZCA

BAJO LAS ALAS DE TU ADIÓS.
DEJA QUE TU RECUERDO SEA MI FELICIDAD.

- Luis Alberto Chinchilla Elizondo-
Grecia, Alajuela, Costa Rica
Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com
1er Ganador en el 1er concurso poético
ofrecido por la Revista Cultural
“Espíritu Literario”.


Confidencias

Hoy
cuando el invierno
trazó espirales
de fríos en mi alma,
quise rescatar
mi tiempo
y volver al ayer
poblado de risas,
de juegos y escondites.
Necesité el retorno
a mi casa humilde…
a mis raíces.
A los días
con muñecas de trapo
cosidas por mis manos;
entre hilados de alegrías
y sonrisas marcadas
de esperanzas.
Mis pasos quedaron
en la acera
desnivelada por los años.
Vertí una lágrima
por la gente que ya no está.
Y aunque el pájaro azul
de la alegría
voló conmigo
un instante.
Torné en verso
la agonía
de no ver
a los que amo.

Lucila Soria

Santiago del Estero (Argentina)

CARTAS PUESTAS EN EL BUZÒN DEL AZAR

I

El insomnio de las bestias del cielo es perverso, como los secretos de las mentiras de la placenta. He danzado con estupor en el infierno y en las noches barrocas, con la perfidia de la escoria murte. La noche amortaja a las resurrecciones ulceradas de los guijarros. Me he limitado a escribir palabras como un muchacho torpe. He intentado robarle tiempo a los relojes o simplemente detener sus vagones. Amo a las abominables amigas, porque con ellas perdí los mejores momentos de mi tiempo. A las guapas les deseo: Suerte de loco. Me enamoré como los idiotas o los presos, del espejismo de un hermoso cuerpo. Ahora desesperado como un fugitivo, intento rehacer mi vida. Escribo los versos que invento y escribo sobre el cuerpo de la mujer que amo. Busco desesperado en la boca con sabor a sal, al placer silencioso que sofoca los gritos. Acaricia la espalda y el arco que destrenzo con la yema de los dedos del solsticio, hasta borrar la sangre de la historia que escribimos.

Como el trébol idiota de los reyes que se inmolan en estatuas, levanto las torres derrotadas del cuerpo. Soy impío como los paridos por una costilla inquisidora. Respiro como las pesadillas de los ritos de las vírgenes o la risa del sol que golpea su inocencia. Si hubiera nacido en otra época, no sabría si me hubiera salvado de la hoguera o de la horca. Soy un demonio fruto de la caja de Pandora. Algunos versos ininteligibles, toman café o vino tinto, mientras se celebra el sacrificio ritual de las crepusculares vírgenes. Un hombre se suicida por culpa de la diatriba y por perseguir su honor al placer de apuñalearlo como a una serpiente empinada. Me siento químicamente impuro como la historia. Añoro la taquigrafía, para no perderle el paso a los pensamientos. Reconozco el suero de la genialidad de Brindisi, para revivir a la vida de su desesperada agonía. Adjetivo como una biblioteca despreocupada, así no alcance a tomar el autobús, para recoger los últimos versos de la imprenta.

La melancolía de los esclavos de la desnudez, gime cual animales heridos por la traición. El fuego de la sangre del príapo se transforma en mármol oscuro, como el enrarecido acero que responde a la alquimia del encanto pùbico de la madreselva. He ofrecido mi mundo, a quién me rehabilite del veneno de la manzana. ¡Sé que soy culpable! No me charlotees más. La parte loca de mi vida murió, cuando el destino me arrebató a la mujer que más he amado. Soy más un ciudadano común que un vago profesional, un bipolar o un poeta, así sean casi lo mismo. Me financio con la inutilidad de mis sueños y erogo como un gramófono: Versos obsoletos. No entiendo al desequilibrio democrático que me margina. Creo que he cumplido con todos los requisitos, para que el cielo me niegue la visa. Estoy de acuerdo con la opinión pública: La plática de mis versos es una mierda, por culpa de la sensualidad de algunas imágenes y por eso: Debo ser excomulgado. Hoy le pido de corazón a Dios que alabe mi deshonra, para sentirme menos serpiente o murte. Me siento como un inquisidor, bebiendo cicuta para dormir en paz. Silba insomne el mar y los argasos de las pútridas arenas. Como la pesadilla de la clepsidra que despierta con el aroma del sexo fauno, la mano invisible de la vergüenza de Dios, escribe a su antojo nombres para restaurar el temor a su espada.

Dicen los astronautas, que el universo gime como un cuerpo burlado y al borde de un ataque de histeria. Amo lo indómito de los adúlteros vagabundos. Soy como las silabas que deciden el destino oscuro o luminoso, de nuestros intolerables rugidos. Soy un chacal que acecha con fuego, en la lenta cacería. El futuro púrpura de los latigazos del hierro, hechiza a la frialdad de las arenas del desierto. El escalpelo atosiga, a la agonía del cautivo. Los fragmentos incandescentes del rostro, cortejan al orgasmo de la antorcha. Sé que Dios ríe a carcajadas, cuando lee los absurdos de mis desvaríos. Dejo que el laurel de mis manos claudique, sobre la espesura de la fronda. La pradera geométrica del rictus carmín, hereda al alucinante jaque mate de las luciérnagas y de las mariposas.

Suena el teléfono y las hormonas de mis suspiros, arden cual teas de ilusiones. Tu voz siempre trae la alegría de las ilusiones de la primavera, dentro de un talego de quimeras y utopías. Tus palabras me ponen a volar a más de quinientos grados, que es la temperatura ideal del placer. A través de los mares de las noches entre claroscuros, lágrimas, besos y semen, la ciudad se devora a la belleza de las bellas; brujas a las que la alquimia reduce a escoria murte o simplemente, deja que se las devore el orín murte de el túnel diabólico del tiempo. Los labios de sus miradas, gozan de todo el desencanto como el filo de una cuchilla suicida. Ahora que vivo muerto, comprendo a la filosofía que nos legan los difuntos y a los absurdos versos, de algunas de sus miserias. El amor se deshoja, para conservarlo en alcanfor. Nuestros promiscuos besos sin bozal, demuelen lo construido por cupido. Las ilusiones enfermas cicatrizan con dificultad. ¿Dónde están los poetas que necesita la vida? Pretendo vivir como un Rey a mi manera, pero vivo en deuda con dios y con la izquierda, mientras con la derecha escribo la palabra primavera y toreo al natural con derechazos a la vida.

No reserves tus mimos para amores a destiempo. Dime que tu lengua no está jugando con mis sentimientos. Dejo que me atrapes y me desees con pasión y sencilla audacia. Cómo me duele la ausencia de tu piel, cuando te vas sin un hasta pronto. La vida se alarga con esos besos que van un poco más allá de la medianoche y madrugan cual semillas, para que no las pise el tiempo en época de germinación. La muerte es un efímero pensamiento, largo como la agonía en un insomnio.

II

La voz que escribe, habla con pasión en la soledad. Los pleonasmos ensucian con la gelidez del éxito, a las palabras que se derraman sobre el blanco del lienzo. ¿Fue tu locura la que le robó, las ilusiones a mi vida? Nunca te prohibí ni te inhibiré de nada, para no alienarte con la deshonra. Tus besos de cirio han dejado huella. Discrepo con las pesadillas que me iluminan, con la fosforescencia del insomnio. No puedo pronosticar una despedida o un adiós sin un: “te amo”, dentro de una botella marinera. Encharque con promesas al futuro de mis ilusiones. Ya reconozco a los caminos del otoño y a la ansiedad artificial de los “Te amos”. Mi razón intenta comprender al sexo sin Amor, mientras el instinto con la prisa de una fumarola, se burla de mi ignorancia.

Dicen que soy un Cristo, por sacrificarme estúpidamente por los demás. Esa es la quinta esencia de mi vida y el color parnasiano de mis versos. Me he enterrado como una esperanza herida por los desengaños. La agonía me asfixia con sus besos. Mentiría si niego que he gozado y sufrido como una noche triste, pero estrellada. Tu amor me ha conquistado, hasta el borde de la locura. He escuchado melodías, como cuando madruga la muerte a segar y truncar ilusiones. El desamor me infecta con nostalgias y silencios absurdos. Un corazón aventurero, no puede ser famélico. Mis sentimientos daltónicos, se iluminan con el Prozac, que se bebe el dolor de los latidos erectos. Regálame un poquito de tu aletargado amor, así esté desafinado y marchito. El amor fractal es visceral e irracional, como el fantástico mundo de Nudelot. Los corazones fríos han envenenado con daltonismo a mis ilusiones. Engendro sueños inalcanzables, que solo otros pueden hacer realidad. La sal de la pasión prospera como un amor imposible, empujado al vacío. Me siento infeliz con las críticas mezquinas, de la irreverente ignorancia. Sabía que el amor es un cáncer, cuando nace como fruto bastardo de una juerga murte. Son increíbles las estrofas que escriben estas basuras; no entiendo como pretenden rimar con una vida digna.

Soy prisionero de mis desdichas narcisistas. No creo en los amoríos comunistas, ni en las relaciones socializadas. Deseo acumular todos tus besos y caricias, para fundirlas en lingotes. En forma de un beso te entrego las llaves de mi cuerpo. Mi bulímica esperanza pasa por entre los barrotes, como una hilacha de versos. Nuestro amor perdura como la sombra de un letargo, gracias a la naftalina. Deambulo como una primavera insomne, robándole el alimento al orgullo que devora al hombre. El tiempo ha cambiado en demasía, el sentir de muchas palabras. La indómita lluvia, es el mar que anhela la mujer. El receloso salobre de la ansiedad, marchita a la desdentada piel, como el sueño enladrillado de un pájaro sin alas. Sin compromiso mis incansables palabras, viajan al azar por el Internet. La poesía ultrajada por la ignorancia, se estrella contra las paredes oscuras de los espejismos. Adopto huérfanos que rescato, repartidos por la ceguera de los inmortales.

Lejos del sin sentido de la vida, revoloteo y me golpeo como un truhán perdigón contra la ventana. Hoy añoro ser murciélago y no un ave atrofiada por la evolución. El futuro imperfecto de las adulteras, se en muralla con besos estériles. Me resigno a defender con el corazón, el paso rutinario del tiempo. Me inquieta que llegue tarde a despertar con mentiras a la milagrosa pasión. La ironía de los pecados capitales, se reduce a la flema de la espada de los poemas.

El indómito amar ni se aprende, ni se olvida. La vida se despierta con el ulular espléndido del devenir. He soñado con el fruto de tus labios y que me hipotecaban a la vida. Me ilusiono como todo imperfecto, con la cercanía de tu pequeña muerte. La belleza de tu madre selva, la compara el coleccionista con una rosa de cosecha. Es apasionado su aroma, cuando no se confunde con absurdos crucigramas. He aprendido a soñar despierto y sin miedo a los errores. Se despeña el placer robado, por un precio al amor. La luz de mis ojos por entre la cerradura, se encandilan con tu belleza. Sobrevivo con el retal del verano, mientras mis ojos se olvidan de tus besos. Te he calentado, hasta agotar mi impotencia. Han sido cuatro polvos, con yemas de desengaños. He sucedido a la mitad de tus ilusiones, pero en la otra mitad: aún reposan sus cenizas. Mis caricias se engominan entre la mitad de tu mitad, de tu cejijunto puerto turnezco. Todo entierro amoroso por culpa de los desengaños, termina en una despedida. Por amor nadie muere, pero malgasta nuestras ilusiones. He aprendido a no derrumbarme, por culpa de los desengaños. Nada es más frágil que un castillo de arena. El futuro dislocado que congela a la agonizante pasión, desvirga a la tristeza de los corazones, muertos en vida. Hay campanas seductoras que sólo escuchan los amantes. Mi cruz son los versos que necesito, para soportar los momentos tediosos de la vida. Galopa descosido el futuro de los amantes. El sempiterno amor alocado, sopla adormilado besos enfermizos. Un jilguero apóstol de los malos sueños, muere nadando entre oscuros versos.

III

He recorrido caminos reales empedrados y con fango hasta las rodillas.
He caminado hacia la bruma de las utopías, buscando como loco un encanto o razón profunda para vivir. Vivo con la convicción de no haberme equivocado de batallas. Deseo retirarme a escribir poesía, con las verdades a medias que conozco. He intentado encontrar en la oscuridad, el significado de la palabra amor. He reído y llorado con mis hermanos, quizás por diferentes razones. Las noches de luna y los días de Sol, son muy diferentes para todos. Soy un zarzal para el mutismo de las palabras y la cordura hipócrita de la vida. He susurrado palabras cautelosas en forma de cánticos, para que el mundo no diga que lo grito. Nadie nos comprende ni nos estira con generosidad la mano; tampoco nos falta nada de lo indispensable para sobrevivir con un mínimo de dignidad.

La amistad florece como los colores de la primavera, sin la pasión ardiente del verano, ni las tristezas otoñales del invierno. Aprendí que los amores que se van, jamás regresan siendo los mismos. Hoy le dirijo palabras sugestivas, a los silencios de tu piel y a las sigilosas afonías de tus cavernas. Los faroles de la noche se encienden, cuando no estas para honrarte con besos y respetarte, así existan caricias atrevidas. Te escogí porque estoy cansado de los desencantos, de esos amigos “ronzalitos” que se prostituyen por nada; sin importarles el alma de nuestros corazones, cuando es franca la compañía que se ofrece. Nunca te he olvidado, así pienses que me he alejado más que un poco, pero tú representas para mí, una rosa de los vientos, una estrella constelada con encantos seductores. Siempre te he aceptado como eres, mi pequeña saltamontes, mi libélula dorada. Quiero acompañar con mi canto a tu alma y que mi poesía sea la música de mi destino... Sólo te ofrezco confianza y nido para que invernes, cuando te sientas sola.

Todos hemos sido en cierta manera: ¡Asesinos murtes! ¡Cuántos corazones hemos matado, con el veneno de nuestra indiferencia! Hemos suministrado, gota a gota el letal brebaje ponzoñoso. Hay besos, caricias o palabras, que hacen más daño que una herida de bala. Cuando bebía o huía por unas horas de la catástrofe, era consciente que me suicidaba. ¡Yo asesiné los mejores años de nuestras vidas! Y así lo hice con ella, con ellas y contigo. Hoy mi piel, se siente culpable como una asesina en serie. La inocencia del cuerpo del delito, ignora los consejos de los sentidos. Me regalas horas en minutos de guerra arrabalera. Beso hasta el hastío con mimos que desgrano en catarata, a tus pezones y sensuales senos. La razón ignora a los conjuros de la brújula. Eros nos arrasó y no dejó sin conquistar, nada para la imaginación. Las florestas de nuestros cuerpos se doblegan, con los reflujos de los latidos del corazón del tiovivo. Te he visto cerrar los ojos, para dejarte arrastrar por las aguas de la apetencia. Deja que la lujuria se embriague en tu pubis y conquiste uno a uno, los cráteres de tu cuerpo. ¡Eres mi adorada y excitante putita! Eres tan difícil, que te lubricas toda con una leve caricia. Te tiendes para que te estimule y provoque como una hoja en blanco, cuando desea ser llovida, hasta el último rinconcito con versos. Seduces y arrastras al pecado, con la punta de la lanza de tu boca impía. Es misteriosa la embravecida tierra húmeda de la primavera. Entre jadeos morriñosos, vivimos una deliciosa aventura y pecadora. Dejemos que nuestras adictas ingles se ciñan, como nuestras lenguas a la carne. ¡Es el festín de la vida indómita! ¡Es la danza del canibalismo puro! El olor delirante de tu piel me perfuma, cuando me zambullo con hambre dentro de tu floresta. Reconquisto los versos prohibidos por los miedos o las buenas costumbres. En la intimidad lo higiénico, luce bastante extraño. Amo al delirio de las empalagosas caricias. Amo el sacrílego holocausto que celebramos sobre el altar de las inmolaciones a la vida.

El desdén polifacético de los versos, constelan como los sollozos del aroma de tu cuerpo. Brillas desnuda como el lirio de una pequeña estrella, después que te rescate del miedo y la indolente indiferencia hacia tu mundo. ¡Por Dios! Hay tanta vida y pasión en tus senos, como maldad en tu mirada y sedientos labios. Eres una deliciosa sandía, cuando seduces con una entrega total. Tus pezones se erizan como una esperanza, cuando germina. El sol demarcó los espacios erógenos, para que no se extravíen los besos ni las caricias. ¿Cómo podría negarle un beso, a la belleza de tus nalgas? No sé si tu culo son montañas, montes o manzanas. Eres un hermoso mapa de piel. Tu cuerpo es una estación de relámpagos, una tormenta cuando nos descubrimos como una pareja de invidentes, enamorados. Nos besamos íntimamente y un poco más allá. Huimos del mundanal ruido, para amarnos. Vivimos cada segundo del amoroso éxtasis. Derramamos todo tipo de besos y de caricias sobre nosotros. Deslízate por los poros de mi piel, como una profana despreciada por las blasfemias. Deja que mis besos evaporen los miedos de tu cuerpo y dejemos que la locura nos pierda, dentro del delirio del fuego. Percibo a las lágrimas descontroladas del clímax, mientras un orgasmo salta como una eyaculación suicida entre tus manos o se desborda dentro de tu boca.

Devoro con osadía la rosa de los vientos, de tus sueños. Mi lujuria se devora con besos, a tu amoroso y pequeño lirio. Te regalo pócimas de semen, hasta sacar de madre a tu corola. Es triste saber que no puede reencarnarse nuestro sentimiento. En las profundidades del candoroso volcán, se humedece la sed de la pasión. Suspiro cuando las sábanas se estremecen y la lava de la natura ensalvajada, te preña perversamente los óvulos de todos tus sueños. Los músculos del cuerpo respiran, estremecidos por la infernal demencia. Esto es “amoroso sexo”, es el producto de la alquimia entre lo racional y los absurdos salvajes de nuestros instintos. ¡Navegamos remolinos y deliramos! Disfruta con saliva o con un poco de bebida, tu trofeo. Gemiste victoriosa como la sinfonía y la fuga en el breve orgasmo, como una desbocada yegüita de mar. Gotas de placer llovieron, rompiendo los silencios de tu carne. El amor y la felicidad, son la metáfora de una ilusión. Recogemos los cadáveres del orgasmo como empacando osamentas de masacres, dentro de bolsas negras, después de una batalla. No sobrevivió ni un vestigio de la ferocidad. Mañana se espiarán nuestros recuerdos y nos verán como a inocentes escribas, nuestros nietos. Todo cambia, amor mío, como la piel de los días o de nuestros sentimientos. No me olvides ni me ignores, como una maldecida bestia. La lujuria se enajenará y nos negará el placer de nuevos orgasmos. La vida se compone de capítulos y vivimos con pasión los nuestros.

Deja la cama así, para que no se borren las huellas de tus recuerdos. Mañana se borrarán las rutas que dibujé con besos. Intento recoger algunos fragmentos, de la lujuria que regó el magma de los amorosos versos sobre tu cuerpo. Ahora necesitamos de otro tipo de besos para no sentirnos sucios, cuando regresemos a la realidad. La otra orilla esta detrás de esta puerta. Ya no necesitas de cadenas, ni de máscaras, ni de miedos. Sigue sin mí amorita mía, que el camino de la vida es infinito. Sigue soñando, delirando y persiguiendo estrellas imposibles. Corre desnuda y baja a las ilusiones que se enredaron con algunas ramas. ¡Vive!. La vida es hielo y fuego. No enmiendes tus pasos, cierra los ojos y déjate seducir por las caricias del viento. No reserves nada para el futuro. Quizás no exista para nosotros: ¡un mañana! Sigue sin mí, amor mío… no voltees a mirar que es de mal agüero. El devenir te extiende la mano y si persistes, habrá una sombra aguardándote. Sigue sin mí, amor mío, sin lloriqueos, ni suspiros… la vida es una cadena de adioses y comienzos… las heridas sanan con sal, besos y aguardiente. Agua ardiente como el mar o la muerte. El gélido piélago de los milagros de mis pasos, con la exhuberancia motriz del peso del desarraigo, olvidan y perdonan a los asesinos de nuestro futuro, a la ceguera de los mercantilistas y de los avaros. Siento envidia de los pájaros del acantilado, cuando saltan excitados al vacío y extienden las alas como un viejo olivo, como si estuviera escribiendo versos o dando una rueda de prensa. Gracias a ti, he vivido en un infierno de chocolate.


IV

Con la voluntad de un corazón heroico, intento construir con versos un mundo de fantasía, en donde sobrevivir a este absurdo holocausto. Aprendí que es más fácil llorar camuflados entre un zarzal de versos, porque nadie nos ve, ni puede expresarnos lástima. Vivimos lo que teníamos que vivir, bajo las sombras de nuestros destinos. A veces pienso que ni siquiera Dios, es el mismo para todos. A veces me siento en la soledad a hablar con mis pensamientos y algo de esos secretos sublimes, lo plasmo en versos. Me redime la oquedad y el bronce de mis sueños.

A veces me despierto con las esculturas de los desnudos del mar. La belleza de las rocas talladas, son incandescentes como el hermoso veneno de las palabras en el sexo. Por tu belleza te he coronado como la Puta Reina de la Noche y en verdad, te lo has creído. Te necesito equidistante y bien cerca a veces, como el placer o una oportunidad suicida. Despistemos a las ilusiones esculpidas, por una baraja de falsas oportunidades. Te entregas sin miedo como un ansiado plato fuerte o el fugaz entremés, donde se saborea y se muerde, hasta hacer sangrar al vino. Me sumerjo en el deseo de un viaje astral, como un tránsfuga gato paria, que narra como todo ser viviente sus experiencias, sin pelos en los bigotes. Me siento como un insólito visionario a oxigenarme, ignorando a los miserables que se resignan, por no saber nada más que ejercer un absurdo y obsoleto sacerdocio. Los místicos más creíbles se esconden como el azafrán o la hierbabuena, entre sombras inalienables. Las piedras se sorprenden cuando les pregunto, sobre la realidad de la existencia de los tres mojones del triángulo.

Deseo polinizar sin albedrío con la amapola que provoca el redescubrirte como hembra. Me extasío cuando me desvisto, con las líneas de tu cuerpo y los pezones de tus misericordiosos pechos. Quiero que la carne viva el veneno ponzoñoso de la boca de mis arrumacos. Deseo inocular tu cuerpo, salvaje y hermoso, mientras aguardo el milagro, cual cenizas de la mañana. Los charcos del invierno reflejan, la luminosidad de mi insomne noche. Como un pirata imaginario, conjugo con tu entrepierna, hasta calmar la sed del deseo, arrancándole al diamante de la perla dorada, destellos de la lujuriosa testosterona, para un amor más profundo y complejo. Al principio el amor es explosivo, como la química de la monogámica vasopresina. Después de un maravilloso orgasmo, no deseo más ilusiones ni promesas con espejismos de un paraíso o un cielo que no son más que nebulosas. No deseo saber más de un dios con azhaimer o quizás, ya ha muerto. Ilumina la esencia de los suspiros que aspiras con tus besos. Escucha a la ideología trascendental de mis desvaríos. Tú eres la razón aterciopelada que se desliza dentro de la carne de mis versos. No me desnudo para ganar guerras, ni levito en las madrugadas, ignorando las tentaciones del chocolate de la “dolce vita”.

El olor de la desdicha, me desespera. Me evaporo entre la lluvia, con el silencio del olvido y en compañía de los aciertos de algunos versos. Me refugio entre escombros y armo cadáveres exquisitos para soportar el tedio, mientras siguen cayendo bombas en algún lugar del mundo. No entiendo lo que llaman oportunidades o tierra fértil. El dolor se refleja en el horizonte, como el arco iris que brota de la sangre de los vencedores y vencidos, caídos inútilmente en acción. La nieve crece como el crisol de una avalancha, arrasando los sentimientos sobre mi pecho herido por la diabólica nitroglicerina. Respiro como un promiscuo satélite de insulina o un obsesivo dependiente, de la monótona diálisis. Cada letra es una molécula fragmentaria, de un espíritu desordenado que suda miedos. Aúllo como un pájaro desesperado, dentro del laberinto de los ecos sordos. Creo más en el poder de un áspid, que en la mano de Dios. Expreso verbos enardecidos, ante los absurdos impredecibles de una justicia paquidérmica, obsoleta y estéril. Me encrespan los grilletes imaginarios e intergalácticos. Los muertos que dejan las macabras tormentas humanas. Todos fingimos ser inmortales, pero nos camuflamos con sangre. Siento repugnancia hasta el borde del agua, cuando imagino a la desnudez mendigando un poquito de amor. Las garras del instinto apasionado de mí invernal octubre, fustiga el placer de mi equipaje erótico, como la ternura del cañaveral sobre el que nos revolcamos, como si fuese el arenal sobre el que nos balanceamos para engendrar un fruto primaveral.

Los espectros famélicos, se ensañan con los locos. La soledad más que una invención, es el candil de los fracasados. Siento más envidia que rabia por lucir harapos y morir escondiéndome del infortunio, como un escarabajo murte. He vivido burlándome de dios y de la muerte, pero he sobrevivido. Lloro por la destrucción irrefrenable de la tortura; por el dolor de los que se quedan, cuando desaparecen sus hijos y los sueños, quedan sin bandera. Reprimo a los cuervos por no ser transparentes. Cuando me sublevo e impaciento, lloro como el agua desolada. Cuando desahuciaron mi alma, me confabulé en el sexo. Soy un adicto al olvido, cuando me enzarzo con mi amada y nos confundimos en una sola sombra de desencantos. Mi carne llora y respira como el bronce o el cemento, cuando no puede retirar ilusiones del cajero automático. Dicen que vivo en rojo, pero aún me quedan cheques por llenar en la etiquetera de los desencantos. El reloj de los demonios se olvidó de mi nombre. Me río de la fe de mis mentiras y de las calles que han vivido mis agonías. Anoche me bebí como un horno 2 litros de whisky y escasamente se ahogaron, un par de maldecidas penas.

Cuídate de las serpientes murtes que acechan sigilosas, camufladas entre la locura pervertida que corroe al horizonte. Hay muchas monas malucas que hechizan con la mirada erguida de la sinvergüencería.

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com
2009-02-13


CINECLUB 0’0


Pasen a butacas, miren sus butacas.
El espectáculo de ahora
lo habéis visto ya,
y lo veréis siempre,
¡Asegúrense del número de la butaca...!
No sabéis porque os gusta
pero le encontráis el morbo,
porque gusta a la mente universal.
La vuestra y la mía.
El personaje es familiar
y lo soñáis tanto que os hace llorar a veces
al despertar del sueño efímero,
que tiene el hombre amante.
Su pecado es nacer
y nace para ti.
Si no lo quieres levántate y escupe.
Yo soy el taquillero, el acomodador
y el único personaje.
Puede parecer pesado,
pero tan sólo es un alma.
-¿Acaso no sois almas?-
o -¿Sois corderos?-
El protagonista no quiero ser yo,
pero tengo que vivir con ese perdón
hasta el fin de la sesión.
No quiero hacerte llorar.
Pero te quiero ver libre.
-¿Es que yo soy una pantalla?-
-Por eso tiemblo al pasar-.
En el celuloide la velocidad es tan rápida
que hace romper al sonido.
-¡Se ha roto el rollo!-
Pero soy actor de un grado comediante
y todo parece un estallido de risas.
Bien... muy bien, el público ríe.
Recupero el celuloide pero la película es obsoleta,
-¿Eso es porque habré sobreactuado demasiado?-
-¿Pero es el papel real?-
(Ya empiezo a notar el silencio;
me pone nervioso).
Y con el temblor de la luz
es más palpable.
No quiero que palpéis mis nervios.
Me da miedo. -¡Qué estúpido!-
-¿Entonces por qué escogí este trabajo?-
-¿Por que mi alma sueña y quiere ser egocéntrico?-
Pero el amor lo oculta.
A mí me gusta toda la película
pero me preocupa el público;
más bien me horroriza.
Por nada. Por nada. Por nada.
Si no porque el público impone,
sobretodo cuando me desnudo,
pero interpretar es mentir.
-¿Me odiará el público por mentir?-
Pero ellos también mienten,
porque nadie tiene un sueño perfecto.
Yo les quiero hacer soñar
y cuando les veo soñar conmigo
me transportan a una alegría de éxtasis.
Eso es lo gratificante.
Pero quiero un papel normal,
porque no tengo mucha memoria.
No me acuerdo de las películas que he hecho,
ni tan siquiera un poco.
-¿Me voy a acordar de un extenso soneto o monólogo?-
-El papel grande para el grande-.
Yo solo soy un pobre taquillero, acomodador
y el único protagonista.
-No quiero actuar más, estoy cansado-.
Primero bostezaré, haré un final feliz
y soñaré que tú también sueñas felizmente.
Pero no lo consigo. No lo consigo. Y consigo...
Resultar ser un patético villano.
-¡Qué malvados!- El público aplaude
cuando me matan.
-¿Acaso soy el más feliz de la tierra?-
Porque el cine no es lo que era.
-¡Muere, muere, muere!-
-Muy bien moriré-.
Pero si me aseguras que cuando pase la sesión, sueñes...
Me queréis muerto, pues muerto. ¡Muerto!
Así podré ir a maquillaje
y quitarme la diadema de princesa.
Ya aplauden, ya aplauden, ya aplauden.
-¿Pero a quién aplauden, si está el pantallón ya blanco?-
-Aplauden a la luz retráctil-,
-(me dice una voz de transistor psicológico)-
Su luz frontal les hace soñar.
-Tú no, tú eres el villano-.
-Seguramente no podré dormir bien-,
-ellos soñarán, pero para eso actúas-.
Y para eso eres el taquillero, el acomodador y el único protagonista.

Por Cecilio Olivero Muñoz

viernes 27 de febrero de 2009

28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXXVIII 27-02-2.009

EDITORIAL XXVIII

CIFRAS Y LETRAS
¿CRISIS O TOMADURA DE PELO?

Circula un correo por Internet que habla muy explícitamente y sin ninguna demagogia sobre la crisis y creemos en “Nevando en la Guinea” que merecen unas líneas como éstas. El correo dice que un televidente llamó al noticiero de la CNN tras la noticia de que el gobierno estadounidense iba a inyectar (con el dinero del pueblo) la cuantiosa suma de 700.000 millones de dólares sin contar los 500.000 millones de dólares ya entregados a la banca con anterioridad. Y sin contar otros miles de millones de Euros que van a donar los gobiernos europeos. Y el televidente hizo un cálculo sencillo y real como la vida misma. El televidente calculó lo siguiente: si dividimos esos 700.000 millones de dólares por los 6.700 millones de habitantes que el mundo tiene, tocarían para cada uno de los seres de esta bola azul delirante e injusta que es el planeta TIERRA, la atractiva cifra de 104 millones de dólares por persona. Osease, que tocarían para cada uno 104 millones de dólares; que creo yo, que con esas cifras una persona viviría más bien que mal. Con ese dinero en el bolsillo de cada ser humano se acabaría la pobreza en el mundo. Pero eso no es todo. Para hacerlo más cercano: en España se sabe que el gobierno ha comprado la deuda a los bancos y les ha donado la cantidad de 30.000 millones de Euros hace muy poco tiempo, y todo para (dicen) para evitar el colapso financiero. Pues bien, esos 30.000 millones de Euros divididos por 46.063.511 habitantes que ocupan el territorio español (según los datos del censo municipal del 2.008) alumbran la friolera cantidad de 652,18 millones de Euros para cada contribuyente. Pero el cálculo va más allá, suponiendo que cada familia española e inmigrante tuviese 4 miembros corresponderían para cada familia la suma de 2.500,72 millones de Euros. Ahora yo les hago unas sencillas preguntas: ¿por qué aguantar más mentiras? ¿por qué aguantar tanta manipulación? ¿por qué aguantar no llegar a fin de mes por que las hipotecas siegan nuestros salarios? ¿por qué de tanta hambre en el mundo? ¿por qué no se reparte esa riqueza? ¿por qué unos tienen que vivir con opulencia y otros sin las mínimas necesidades? ¿por qué de tanta pantomima? ¡BASTA YA! ¡SEÑORES, NOS ESTÁN ENGAÑANDO!



POEMAS GRISES

Esos poemas rebosantes
de gris
son razón oportuna
para marcar una raya,
son ansiedad cercana
empañando cristales
por alientos desesperados,
son luz que se difumina
en las pupilas del alma,
son esas carencias sufridas
con un solitario color
de fría apariencia.
De un gris a gabardina
y a periódico de antes de ayer.
Como esas grises almas
ocultas tras la niebla,
también gris,
que desdibujan su filo
de luz y su silueta perdida.
Grises como ratas
que absorben el vacío
de los relojes y se van al mundo
buscando veneno que les dé
esa gris agonía lenta
del hombre y su sombra.
Esas horas grises de melancolía
y nostalgia preñada
de confusa etapa
de la naturaleza imposible.
Grises palomas de ciudades
miserables y lejanas,
de satisfacciones soñadas.
Miradas grises y contrincantes
del minuto espeso,
del momento marchito.
Hombres grises que en horarios
de oficina salen vomitando
sus adentros hacia
pasillos de monotonía de ceniza.
Obreros grises, taxistas grises,
Multitudes grises, mujeres grises,
e infinitos grises.
Todo es gris bajo el telón
de carroña y contaminada
discordia.
Hasta los muertos y las rosas
tienen un resumido gris
en la mirada y en el tallo
de espinas.
Por eso estos poemas grises
de lluvia que desafía
tienen una gris bofetada
de estatua y esfinge.
Tienen la gris carcajada
con sed de venganza
que reina triunfante sobre
las sepulturas de ángeles-niños
que dieron su vida
por la utopía del viento.
Grises párpados abiertos
que desnudan su beso
y su apretón de manos
ante la vida traicionera
que muestra su pistola
apuntando las sienes inocentes
que susurran amor.
Palabras grises de licor
y mortaja,
poemas grises de caricia
apagada.
Grises de mundo
y grises del todo y el nada.
Gris desperezo
y gris libertad colgada
del techo.
Gris y más gris,
esa es la vida
de luz que todo cadáver
busca luchando.


Por Cecilio Olivero Muñoz



Desasosiego


Salí de casa de Silvia y no pude menos que sentirme triste. Podría atribuirlo a la tarde que empezaba a declinar, lo que siempre me ponía melancólico, o a que ya había empezado a añorar a mi amiga, con quien mantenía una relación informal aunque intensa. Pero no sería exacto. Siento no ser nada poético, pero las cosas, a veces, no poseen tanta enjundia. Tras el regocijo de la tarde, breve sin duda, volvía a la realidad. Me apesadumbraba mi propia vida. O mejor dicho, mi falta de vida. Porque la que yo llevaba no me producía la más mínima satisfacción. Tenía veintitrés años y me daba la sensación de estar tirando la existencia por la ventana. Miraba a mi alrededor, a mis amigos, a mis conocidos, y todos parecían bregar por su porvenir mientras que yo me dejaba llevar sin tomar nunca una decisión. Y si alguna vez tomaba alguna, no la llevaba a la práctica, lo que viene a ser lo mismo.
Esa tarde la sensación de vacío se hizo más intensa. Mientras caminaba, le empecé a dar vueltas a mi situación, a mi falta de ánimo, a mi desasosiego. Me daba cuenta de que mi existencia no tenía motivaciones ni sentido. Tal vez suene en exceso trascendente, pero era así. Fue tan fuerte la zozobra que hube de sentarme en un banco. Miré a mi alrededor, mis ojos se humedecieron. Estaba tirando mi vida, el tiempo se me escapaba entre los dedos. Resultaba imprescindible que cambiara, necesitaba valor para afrontar los cambios, asumirlos de una vez, llevarlos a la práctica. Pero intuía que iba a desfallecer de nuevo en el momento más importante.
Se me hacía urgente, por ejemplo, hablar con mi padre, en ese mismo instante lo decidí de pronto, porque no podía ser que me organizara la vida como si fuera la suya y no la mía. Me armé de valor durante unos minutos, aunque no tenía certeza de que en el momento clave, cuando entrase en casa, se desinflara toda mi fuerza. Sabía además que se quejaría, era previsible que acudiera a su pesar, a su amargura, al tiempo vivido por él, tan nefasto, mírate en mí, me diría, un fracaso, no quiero que tú seas igual, afirmaría y sería para mí como una colleja. Me hundiría. Me haría sentir culpable. Sé lo que te conviene, repetiría, como tantas veces, antes de que pudiese sincerarme. Yo dejaría correr entonces mi intención de hablar con él, como si no cupiera posibilidad alguna de salir adelante. No tardaría en hundirme porque no era capaz de salir de esa realidad.
Había pasado ya tantas veces.
Pensé en Silvia. Tal vez ella tuviera razón al aceptar las cosas como venían. Falta de ambiciones, trabajaba en su biblioteca sin más preocupaciones que las más inmediatas. No le daba vueltas a nada y no parecía hundirse tampoco con una realidad que a mí ya me resultaba insoportable.
Deseé también que alguien se sentara a mi lado y me formulara las claves para entender lo que me pasaba y apuntar el camino por el que debería avanzar. Pero la gente cruzaba ante mí sin incidir en mi vida. ¿Dónde estaban esos momentos simbólicos en los que, de pronto, todo se te aparece evidente? Quizá sólo fueran un recurso literario, en la realidad no había escapatoria posible.
Me levanté y seguí mi camino. Se había hecho de noche. Refrescó. Vi un café y me entraron ganas de entrar y recogerme un rato más antes de volver a casa. Me ayudaría, me dije, a retomar algo del valor recién perdido.

Juan A. Herrero Díez



ESPERANZA CIEGA

A las madres y a sus hijos
nacidos con discapacidad intelectual.

Todas las madres
que están en estado
de buena esperanza
caminan a ciegas
esos nueve meses,
todas anhelan un hijo sano.
El capricho del destino
rueda sus dados de azar en la espera,
mientras la naturaleza,
es libre voluntad su semilla.
Lotería del cromosoma,
rosa rojiza de la vida y la ciencia
entre espina doliente
y amor orgánico y pureza concebida
busca sendero de hormiga y presencia,
la misma pregunta de incógnita
y misterio tras la cáscara
es la prisa del sueño ligero
dejando siempre claro
que
nadie quiere sufrir
esa oscura crueldad del hombre
y ninguna madre
desea sufrir por un hijo
tras el momento de peligro que existe
en esta vida de locura temporal
y enfermedad fulminante.
Las madres sufren la llaga
entre el péndulo niquelado
y la azarosa célula
de pulpa y de escondrijo
que crece y se multiplica
hacia la vida misteriosa
que parte de la luz y el témpano efervescente.
El embarazo
viene como agua en silencio
y la madre
coge su gran manojo
de ilusiones blancas y fugaces
y se contempla viva
en la silueta redonda
de efluvio y origen.
Un hijo es siempre un hijo
pues lo ganas tú a él,
y si eres buena madre,
él a ti.
Por eso duele
cuando él sufre,
cuando pasa hambre o tiene frío,
cuando es derrotado,
cuando cae,
y la muerte es un espanto,
del cual, se le aparta de ella,
intentando disimular
el preocupado aliento
que te empuja a la sombra.
De esa muerte,
nadie nunca preparado,
brota el caliente suspiro
y se ruega a un Dios del desorden
la tediosa alegría
que todo el mundo merece.


Por Cecilio Olivero Muñoz


HASTA QUE TENGAMOS QUE DECIR ADIOS…

Dedicado a Hilda Acosta

Tengo que descifrar las cartas astrales o el significado de mis sueños; curiosamente nunca volví a tener pesadillas ni sueños húmedos; pero me encanta interpretar con más pasión a la vida y escuchar los gritos de los silencios de las pieles de mis amigas o las historias fantásticas que callaron por tanto tiempo sus vaginas. Los sentimientos y el sosiego son como la sístole y la diástole, en la danza amorosa de las ingles; ese amoroso y violento apareamiento de los cuerpos y de las sombras, ese espirar, inspirar, espirar, inspirar… que nos conducen de su mano a caminar sobre el mar y las nubes… Hay mundos fantásticos por descubrir en las situaciones más absurdas y extremas; no es bueno quedarnos quietos; solo la actividad nos permite vencer esa gelidez que nos consiente avanzar o realizar nuestros sueños… el reposo es sano, cuando la fatiga nos sofoca como si respiráramos fuego. La sabiduría nos ha robado esa humildad de reconocer nuestra insignificancia, frente a la majestuosidad de la naturaleza… tenemos la opción de amar y crecer, si aprendemos y aceptamos que somos efímeros… sensibles a los vientos del destino… que nuestro destino es pasar como el viento o las aves migratorias.

Tenemos que aprender a buscar y a reencontrarnos con la belleza de la vida, de los paisajes, con la desnudez de nuestros cuerpos… desnudarnos completamente y desnudarnos para zambullirnos dentro de las aguas cristalinas del mar y el azul de las miradas del cielo. No nos lamentemos de lo que heredamos o de la realidad que vivimos; pensemos en lo que le podremos dar a heredar a nuestros hijos, un mundo mejor; quizás tengamos que pagar un alto precio por errores que nunca cometimos, pero no podemos desperdiciar ni un segundo, intentando recuperar el daño que le hemos hecho a la naturaleza como especie y la dignidad del hombre, ese apasionado animal que se ha dejado arrastrar por los instintos mas bajos y salvajes, hasta elegir el raptar como los murtes. La belleza debe ser natural, la mujer como hembra no necesita de perfumes, maquillajes, operaciones, tinturas, tatuajes, prendas para lucir más hermosas o exóticas; la belleza natural es hermosa como una aurora o un fastuoso crepúsculo de la vida… todas las estaciones de la vida son bellas, cuando aprendemos a descifrar sus versos; tenemos que dejar que el mar fluya como la vida, porque es el tiempo el que se encargará de alimentar su caudal…el destino se encomienda de aportarle afluentes…hasta que se convierte en un majestuoso sendero de vida…en un arteria indispensable o trascendental. Hay tanta belleza en el otoño, en esos contrastes amarillos, naranjas, rojos, verdes e incipientes grises y ocres… así muta la vida; igualmente todo se recicla, se vigoriza y se revitaliza como un amor fresco y con ilusiones, para plasmar en realidades en la intimidad.

No podemos seguir pensando en solo tomar frutos de la vida, sin sembrar semillas para cosechar con abundancia, nuevas esperanzas. Desde hoy, no debemos desvelarnos por el pasado ni por el futuro; debemos vivir con una apasionada sabiduría: el hoy y el ahora. Grandes lecciones recibimos de la naturaleza que no caza por cazar, ni asesina por asesinar, sino que toma exactamente lo que necesita; los animales generan sus viviendas sin destruir los paisajes, sin cementar los valles, contaminar los ríos, sin contaminar el aire o mutilar las montañas… solo viendo con ojos bondadosos y con amor a la naturaleza, descubrimos una belleza que crece y que amerita que nos extasiemos contemplándola. La naturaleza no necesita esforzarse para arrancarnos suspiros o expresiones de asombro; así deberíamos actuar mujeres y hombres, nunca alterar nuestra belleza natural ni avergonzarnos de nuestros cuerpos… integrarnos a los paisajes… compartir con generosidad todos los espacios de nuestros cuerpos, a las miradas que deseen observarnos sin malicia… tenemos que aprender a observarnos sin ruborizarnos… Nudelot no debe ser una utopía, ni un sueño de o para un exclusivo grupo…tenemos que generar paraísos donde el hombre se pueda reencontrar con sus estados primarios y naturales… la desnudez es el traje que nos permite soñar despiertos… la belleza es un concepto que nos permite volver a fantasear e imaginar despiertos… el amor y la amistad tienen que eslabonarse con la pasión de los colores, de los pétalos… así como una rosa roja inspira versos, amorosos pensamientos y es casi imposible que florezca en pútridos pantanos.

No podemos seguir sobreviviendo y vegetando como parásitos, viviendo por inercia sin sueños ni ilusiones; tenemos que aprender a volar como los pájaros, a nadar como los peces; no temerle a las tormentas ni a las olas en la alta mar… ni a los iceberg estigmatizados por el hundimiento del Titanic… simplemente alejémonos de las personas con espíritus opacos, tristes, solitarios… para que su mala energía no nos influya… la vida siempre será: más realista de lo que imaginamos y menos surrealista de lo que pensamos.

EL LOCO
2008-10-03
Por Héctor J. Cediel Guzmán


Cabeza de perro en el muro

Por Jorge Rodríguez Lagos


Venían a toda carrera con una vara en las manos,

el sudor era una pequeña tormenta en sus infantiles caritas.

- ¿de dónde vienen mis amores? / pregunté / tan agitadas.

- De por ahí, papi ; de por ahí / respondieron.

- de por ahí ¿dónde? / volví a preguntar /dejando a un lado la maquinade escribir.

- de pelear con esta varita /respondieron-riéndose/ con la cabezade un perro.

- ¿con la cabeza de un perro ...?-

si papi, un perro tenía la cabeza sobre el muro y gritaba :

¡ hermanos - hermanos! tengo hambre, mucha hambre

¡ hermanos !

- ¿y ustedes entienden el idioma de los perros? /pregunté/

- si papi, así decía.

Tengo hambre tráiganme a esas dos niñas para comérmelas.

Entonces tomamos esta varita para darle en el pico.

-Porque nos quería comer-

CARTAS DE AMOR DE UN ENFERMO DEMENCIALMENTE LOCO

Dedicado a ISABEL TORO “ISATOLUP”

1

Soy un animal enamorado por el vino de las estrellas; un demente enfermo de locura y amartelado al aroma de tu piel; me has acompañado como la lepra durante un rico manojo de años. Se que te han herido algunos versos, pero muchos te acompañarán durante las sombras de las largas jornadas, así sólo haya sido un accidente en tu historia. Mi alma conoció contigo la claridad y la magia de la demencia carmín de los sueños, en una modesta y solitaria habitación, que ya llevo grabada para siempre en mi corazón; alquilada a extraños forasteros, a medrosos pasajeros que siempre ingresan sin más equipaje que los disfraces que llevan puestos… nómadas siempre sin un rumbo por destino… sólo deliran sus pasos errabundos… como el cansancio de las huellas que dejan estampadas el dolor y el desencanto los enfermos mentales, por los pasillos de los sanatorios… Revoloteamos como caballos de fuego y te amé de rodillas… y te amé así o asá en silencio y te adoré con palabras soeces. Me conmoviste con embarazos indescriptibles y culilleros; atemorizantes como todos los compromisos no deseados con el futuro; y sin embargo, te seguí jineteando como a una ardorosa sierva salvaje. Te resucité como a una sonata muerta; bramamos como animales retozando o como las ramas de los árboles otoñales o las alas de las mariposas cuando se abren al abandonar las crisálidas; como un glúteo furioso cuando ansía ser empalado y escarmentado por la saliva del fuego; o los labios vaginales al rendirse sin capitular al deseo. Tus sentimientos de mármol, pudren al verde de mis risas; me he impregnado con la alegría de los pájaros, con el musgo de las llamas virginales de las durmientes que en la oscuridad se ensalvajan. Me ha derruido el silencio del amor; florece la tristeza como el amarillo de una tarde de invierno, cuando el dolor no es más que una sonrisa loca, extasiada por las mentiras piadosas que intentan en vano mitigar el daño. El fin sólo nos muestra el rostro otoñal de la vida que se escapa como una rata murte acobardada por la vergüenza. Ya no eres la mujer bella y apacible que conocí; siento apagado el fulgor de tu pasión y sin sentido tus ligeros azores... esas necedades que devastan mi deseo por ti.

EL LOCO

Por Héctor J. Cediel Guzmán




BENDICIONES DE LA LLUVIA
(poesía infantil)


UNA TARDE ALLÁ EN EL CIELO
LAS NUBES SE CANSARON DE SOSTENER
LAS GOTITAS DE AGUA QUE POR MUCHO TIEMPO
HABÍAN GUARDADO EN SUS ADENTROS.

Y LAS NUBES LLORARON Y LLORARON
HASTA QUE LLEGÓ LA MAÑANA,
LOS HILOS DE LLUVIA CRISTALINA
BAJABAN POR MI VENTANA.

HOY DESPERTÉ MUY TEMPRANO
Y DESDE MI CAMA,
ESCUCHÉ EL CANTO DEL ARROYO
QUE SE CONFUNDÍA CON EL DEL YIGÜIRRO
EN LA RAMA DE AQUEL HIGUERÓN.

MIRÉ EL AMBIENTE MUY DISTINTO,
EL AIRE MÁS FRESCO
Y LAS FLORES, SONREÍAN PORQUE EL AGUA HABÍA
BAÑADO SUS COLORES DE ROJO AMAPOLA.

MANANTIALES QUE NACEN EN EL ESPESO BOSQUE
CONSERVEN SU PUREZA,
PORQUE EN SUS AGUAS TRANQUILAS Y FRESCAS
ESTÁ LA ESPERANZA DE CONTINUAR LA VIDA
EN ESTE PLANETA.

-Luis Alberto Chinchilla Elizondo-
Grecia, Alajuela, Costa Rica
Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com
1er ganador del 1er concurso
de poesía ofrecido por la revista cultural
“Espíritu Literario”.





“A LAS DOCE”

- ¿Qué te pasa Matías que estás tan triste? – Nada mama – A mi no me vas a engañar. A vos te pasa algo. ¿Estás cansado? Si ya no vas a la escuela. Hasta tu burrito está descansando.
Ahora que estamos solos, contame que te pasa. ¿Tienes fiebre? – No mama, sólo tengo una cosita aquí (se señala el pecho). – Así ¿y qué es eso? – No sé, pero cuando hemos ido a la ciudad con la Srta. Chichí, en la televisión decían a cada rato que iba a llegar Papá Noel, con muchos regalos y nosotros no lo hemos visto, por aquí nunca ha venido. - ¿Y eso te pone triste? – Si, porque quisiera que mis hermanitos y yo también tengamos regalos coloridos y que todo esté pintado de colorado, verde y dorado. Y un árbol grande lleno de regalos, tarjetas y cartas, como el de la ciudad.
¡Ay! Matías, es la primera vez que me hablas de esas cosas, yo no sabía que existía ese Papá Noel. Debe ser alguien de otro lado, algún extranjero, porque yo no nunca lo he escuchao nombrar. Y los colores hijo aquí también podemos adornar con talas, tuscas, paraísos, mistoles…
Al oro lo vamos a poner con los ramilletes de las tipas, las quellosisas y las florcitas de las tuscas, y al colorado con todas las flores del geranio que tu papá ha traído de Tucumán. Si, nosotros también tenemos esos colores, Matías. Nada más, que capaz que no los sabemos acomodar bien. Te prometo que yo te lo voy a preparar un árbol grande y hasta le vamos a poner papel celofán, que nos ha mandado tu tía Elena, en la última encomienda de Buenos Aires.
Y si te parece poco, hasta te lo puedo poner pedacitos de lana de colores de la última manta que estoy tejiendo para venderla.
- Está bien mama, no se preocupe tanto. Yo de flojo nomás mi puesto triste, por esas cosas que ni conocemos nosotros. ¡Pero es que me han gustado tanto los colores y los brillos…!
- Hijo, usted tiene que estudiar mucho. Me ha dicho la Srta. Chichí que es muy capaz, así que después va a ir a la ciudad para estudiar. Se va a recibir para poder comprar y adornar todos los árboles que quiera, mi muchachito. Y ahí también sabrá bien quien es ese Papá Noel.
Nosotros también vamos a celebrar el nacimiento del Niñito como todos los años. La bendición hijo, y vaya nomás a dormir, ahora es tiempo de descanso.
Al día siguiente. Matías estaba pensativo y su mamá volvió a arremeter con las preguntas - ¿Y ahora qué pasa hijo? ¿Siempre preocupado? – bah mama, ni yo mismo sé que me pasa. Hoy me he puesto a pensar que como somos pobres y no hay trabajo mi papá nunca está en la casa. Si no va pa’ la cosecha de la papa, va para el maíz, el algodón o la caña de azúcar. Yo hago cosas de hombre, porque casi no hay hombre en la casa.
- Matías vos sos un niño y debes vivir así como un niño. No quiero que hagas tareas de grande, porque vos no sos un hombre. Te faltan años, mi muchachito. A mi me gusta mucho cuando juegas con tus hermanos al “oíto chipaco”, a las bolitas y a las escondidas. Hasta cuando la Carmen se anima a contar saltiando y yo me río de lejos.
- Tu papá tiene que irse porque si él no trabaja ¿de qué vamos a vivir? Vos tienes razón, pero yo demoro para terminar un frazadón. Y eso no alcanza hijo, cada vez es más difícil todo. Con la gracia de Dios, ustedes son sanitos, fuertes, mis buenos compañeritos.
Matías la besa con inmenso amor a su mamá y queda un rato abrazándola.
- Mama hoy mi estao acordando todo el día del abuelo Zacarías y me he ido a rezarle en la cruz, donde ha caído muerto, de tanto y tanto hachar quebrachos y nadie nos ha pagao por su vida. Nadie, mama. Y tan bueno que era. Nunca me voy a olvidar de sus hermosos cuentos de animales; ¡Y cómo los contaba! Sobre todo el del zorro, que les ganaba siempre con sus picardías y sus andadas.
Cada vez que me acuerdo de mi abuelito, le doy gracias a mi Diosito de que mi papá no sea hachero. Me duele el alma cuando oigo el ruido del hacha en el potrero de Don Elpidio. ¡Este hombre si que se está acabando la vida! Siempre lo estoy espiando, porque tengo miedo que le pase lo del abuelo y no tenga quien lo ayude. Está tan solo. No tiene ni siquiera un nietito a quien acariciar, pobrecito.
Su madre se acerca, le acaricia el pelo, le besa las manitas pequeñas y callosas y lo acuna en su regazo. – Ya va a llegar el día en que tu papá podrá encontrar un trabajo aquí cerca de nuestra casa, para que no tenga que irse nunca más. Si para nosotros m’hijito, también tiene que llegar la oportunidad de vivir mejor. Lo más importante, Matías, es que nos queremos mucho y que somos muy unidos.
- Mamita, yo no estoy desconforme con nada, les agradezco a mi papá y a usted por todo lo que hacen. Yo sólo quiero que estemos siempre juntos. Como ahora que ha llegado diciembre y todo parece más lindo, la casa, las plantas, las flores y esas ganas de mi papá de hacer todo y de que estemos alegres y contentos.
El niño amaneció alegre y salió corriendo a buscar las mishquilas (chilalo) que había visto el día anterior, cuando había ido a buscar las cabras con Tomás y la Carmen. ¿Pero por qué se apuraba tanto? Es que quería llevar las vasijitas para ponerlas en la mesa del pesebre que había preparado su madre.
Tenía miedo de que alguien encontrara su tesoro. Había visto a otros niños que andaban jugando por ahí.
Nunca había sido mezquino, pero ese día quería comer toda la miel. ¿Será que esto es pecado? Mi mama dice que se debe compartir todo con los hermanos para que Diosito no se enoje. Es la primera vez que tengo ganas de comer todo solito. ¡Hoy no le voy a hacer caso a mi mama!
Unos pájaros pasaron raudamente por su lado y se posaron en un frondoso algarrobo. Estiró la gomera y al mismo tiempo cayó herido un quetubí. Un escalofrío se apoderó del cuerpito de Matías. Levantó a la avecita casi moribunda la sopló, acunó y la puso debajo de su camisa. Todo fue inútil. El animalito murió pese al calor del pecho del niño.
Un ruido en medio de la gramilla lo hizo volver la cabeza estrepitosamente - ¿Quién está ahí? ¿Sos vos Tomás, que me quieres hacer asustar? – Una voz firme y con dulzura le respondió – No soy Tomás. Soy alguien al que no vas a ver, pero quiero que me escuches bien lo que digo. No debes matar a los pajaritos. Ni ser mezquino. ¿Por qué quieres dejar a tus hermanitos sin miel, si a ellos también les gusta?
- Yo siempre les llevo para ellos, pero hoy, no se porque he querido que sea todo para mí. No lo voy a hacer nunca más.
- Si dices que no lo harás, yo te creo porque sé que eres un niño bueno y de nobles sentimientos. Se te nota en tu carita dulce.
Ahora corré hasta donde está la miel y encontrarás muchísimas tinajitas. Tené cuidado para no romperlas y llevale a toda tu familia.
- Dígame primero, ¿Quién es usted y por qué no puedo verlo?
- Esta noche cuando sean las doce y se escuchen las campanas de la capillita ahí estaré yo. Apareceré ante vos y sabrás quien soy.
- ¡Ah! entonces es Jesucito, porque Él va a nacer esta noche.
Mi mama ha hecho un pesebre con maderitas, ramitas, chalas y palitos y una hermosa cunita con espinas de vinal y pastito seco. Todo está lindito y vamos a estar muy alegres, porque va a nacer el Niñito. Nosotros le vamos a cantar y bailar y mi papá va a tocar la guitarra.
¿Seguro que va a estar conmigo? No se olvide que yo lo voy a estar esperando. ¡Ah! le voy a regalar la única pelota que tengo. Me la ha dao la Srta. Chichí en la escuela, cuando el último día de clases he leído bien la lectura de la Navidad.

Por Lucila Soria
Santiago del Estero-Argentina



Poesías extraídas del poemario titulado “EL SOL DEL CORAZÓN” de Juan Fran Núñez Parreño.

Beber y vivir de ti


Y con mis ojos

te admiraré

y admiraré

tus ojos

hasta que me inunde

de tu brillo

y ya sólo beba

y ya sólo viva

de tu luz.

Y con mis manos

te sentiré

y sentiré

tus manos

hasta que me inunde

de tu calor

y ya sólo beba

y ya sólo viva

de tu abrigo.

Y con mi lenguate recorreré

y recorreré

tu lengua

hasta que me inunde

de tu saliva

y ya sólo beba y ya sólo viva

de tu agua.




Si te vas...


Cuando aún no había Sol

tú ya eras luz,

cuando todo era silencio

tú ya eras risa,

no había tierra

ni agua

y ya eras oro

y vino.

Llegaron los labios

y la mirada

y tú ya eras beso

y cuerpo.

Apareciste tú

y nació el amor.

Si te vas

se irán las estrellas

y el Sol

y ya no habrá

noches ni amaneceres

para el amor.

Si te vas

se irá el mar

y el viento

y ya no habrá

playas ni otoños

para el amor.

Si te vas

se irán las flores

y los corazones

y ya no habrá

perfumes ni latidos

para el amor.Si te vas

se irá la música

y la miel

y ya no habrá

canciones ni dulces

para el amor.

Si te vas

ya nunca habrá amor.



Pase lo que pase


Pase lo que pase

siempre te amaré,

aunque se apague el Sol

y venga la oscuridad infinita,

aunque la Tierra sea un desierto de hielo

o un mar de arena,

aunque no quede pan ni agua

ni casas para vivir,

pase lo que pase

siempre te amaré,

aunque estemos lejos

en los polos opuestos del Universo,

aunque mis sentidos queden ciegos

y ya no te pueda sentir,

aunque no me quieras

y me odies y me mates,

aunque me muera

y deje de ser,

pase lo que pase

siempre te amaré,

aunque nunca hubieses existido

y nunca te hubiese conocido

te habría amado siempre

y siempre te amaré

pase lo que pase

por que mi amor por ti

es eterno.



Sal del Sol


Sal del Sol,

la sal salió,

llevabas la llave de la lluvia

y llovió,

palpa la pulpa del papel,

clávame el clavel,

baja ya abajo,

yo bajé tan bajo...

bajo el debajo,

calma mi culpa,

calma mi alma,

palpa mi alma,

yo ahora lloro.

Te amo mi ama,

ámame a mí

ya mismo,

ámame aquí,

ámame más,

mímame más,

mírame más,

te amo mi llama,

llámame más,

lléname más,

lámeme sin lema,

rémame sin remos,

te amo alma mía.



Por Juan Fran Núñez Parreño



UN BOLSILLO EN CRISIS
ES UNA BREVE CRISIS DEL CORAZÓN


Te llaman porvenir
porque no vienes nunca...

Ángel González

Y te llaman crisis porque eres una puta
sin rostro,
un personaje de lupanar clandestino,
un montón de mierda
que quiere ser Dios.
Un bolsillo en crisis
es una breve crisis del corazón,
porque las putas van al mercado,
porque el mercado
es un bullicio de total prostitución,
donde se vende y se compra
la vida,
se sustituye oropel por gramos de ceguera,
porque la mezquindad es un kilo
de noses rotundos,
porque se disfrazan las voluntades blancas,
porque los voceros gritan
como perros de rabia,
porque los ceros son noventa y nueves
hipócritas,
porque el redondeo es la boca del lobo,
porque la trampa está oculta
en el aire que se respira,
porque la codicia se sobreentiende,
porque sin bolsillo pleno
no hay corazón que te responda,
porque los mercados son murallas
para algunos,
porque se tira lo que no se quiere
y se desprecia al que pide fiado,
porque los minutos son Euros
que respiran ante el tedio del mundo,
porque las sogas y el patíbulo
son una vereda abierta para el pobre
que de forma gratuita su opinión le niegan.


Por Cecilio Olivero Muñoz